
Bogotá casi siempre aparece en las noticias por el tráfico, la inseguridad o el caos diario. Pero “Artescopio” quiere cambiar esa mirada. La nueva serie documental de Canal Capital pone el foco en otra ciudad: una hecha de murales, música, ilustraciones, teatro, circo y memorias que sobreviven entre barrios y calles.
La producción, que se estrena el 4 de junio a las 7:00 p.m., reúne a artistas de distintas disciplinas para contar cómo viven, sienten y reinterpretan Bogotá desde sus propios lenguajes creativos. No es una guía turística ni un retrato institucional de la capital. Es una exploración mucho más íntima y humana.
Ahí aparecen nombres como el colectivo musical 1280 Almas, la ilustradora Cucharita de Palo, el artista queer Manu Mojito, el muralista May Rojas y el fotógrafo visual John Gaitán, entre otros. Cada episodio toma una ruta distinta para hablar de identidad, territorio y cultura urbana.
Artescopio convierte el arte en una forma de leer Bogotá
Uno de los aspectos más interesantes de la serie es que no intenta mostrar una ciudad perfecta. Al contrario: encuentra belleza precisamente en los lugares que muchas veces pasan desapercibidos.
El episodio dedicado a John Gaitán, por ejemplo, transforma los charcos y residuos urbanos en imágenes cargadas de significado. Su trabajo convierte pequeños detalles cotidianos en una manera distinta de observar la ciudad.
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También hay espacio para el arte urbano nacido en las periferias. May Rojas, creador del proyecto Bogotá Colors, muestra cómo el muralismo ha cambiado la percepción sobre sectores como Ciudad Bolívar, convirtiéndolos en escenarios culturales y turísticos.
La serie entiende algo que muchas producciones olvidan: Bogotá no se puede explicar desde un solo lugar. Hay muchas ciudades conviviendo al mismo tiempo. Y el arte termina siendo un lenguaje común entre todas ellas.
Música, circo y cine: la otra memoria cultural de la ciudad
“Artescopio” también se mueve entre sonidos y escenarios que han marcado generaciones enteras.
La presencia de 1280 Almas conecta la serie con la memoria rockera de Bogotá. La banda aparece como símbolo de una capital atravesada por mezclas culturales, influencias regionales y transformaciones sociales.
Algo parecido ocurre con Pablo Watusi, cuya propuesta musical refleja la identidad “afrocachaca” que ha crecido en Bogotá durante décadas. La serie usa su historia para mostrar cómo la ciudad se ha convertido en un punto de encuentro entre distintas raíces culturales.
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Otro capítulo llamativo es el de La Gata Cirko, compañía pionera del circo contemporáneo en Colombia. Su participación ayuda a entender cómo Bogotá también ha construido una escena artística experimental con reconocimiento internacional.
El cine aparece a través de Natalia Santa, quien aporta una mirada más emocional sobre las relaciones familiares y la memoria cotidiana. Mientras tanto, la paisajista Diana Wiesner introduce una conversación distinta: cómo el arte puede ayudar a repensar la relación entre ciudad y naturaleza.
La Bogotá que rara vez aparece en televisión
Quizá lo más valioso de “Artescopio” es que no intenta imponer una única versión de Bogotá. La serie acepta que la capital es contradictoria, desigual y diversa. Y precisamente ahí encuentra su identidad.
La producción mezcla documental tradicional, videocasts y especiales para construir un formato mucho más dinámico y cercano. Esa combinación le permite acercarse tanto a públicos jóvenes como a quienes normalmente no consumen contenidos culturales.
En tiempos donde las plataformas están llenas de historias rápidas y contenido fugaz, resulta interesante ver una serie que decide detenerse en los detalles cotidianos de una ciudad tan compleja como Bogotá.
Porque al final, “Artescopio” no habla solamente de artistas. Habla de cómo una ciudad también puede entenderse desde quienes la pintan, la cantan, la habitan y la transforman todos los días.



