
Colombia entra a 2026 con un discurso financiero más maduro, pero con resultados que todavía no acompañan esa intención. Aunque hablar de ahorro ya no es ajeno para la mayoría, el dinero sigue escapándose sin dejar estabilidad. El síntoma es que el 79% de los colombianos se arrepiente de cómo usó sus ingresos extra, como la prima de fin de año.
Ese dato hace parte de la segunda edición del Índice de Arrepentimiento Financiero (IAF) de MejorCDT, un estudio que no apunta solo al consumo excesivo, sino a una falla más profunda: la dificultad para ejecutar decisiones financieras sostenidas en el tiempo. De hecho, el 54% de los encuestados reconoce que no logra cumplir sus objetivos económicos año tras año.
La contradicción es evidente. Más de la mitad de las personas asegura haber planeado el uso de su dinero adicional, pero ese plan se diluye rápidamente. Compras, deudas y necesidades básicas absorben más del 50% del gasto entre quienes terminan arrepentidos. El ahorro y la inversión quedan relegados a un segundo plano, aun cuando son identificados como necesarios.
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El estudio, realizado con más de 1.000 personas en las principales ciudades del país, también muestra que el arrepentimiento financiero golpea con más fuerza a quienes están en plena etapa productiva, entre los 30 y 50 años. Son generaciones con ingresos, pero sin mecanismos claros para protegerlos. El resultado es que solo dos de cada diez colombianos comienzan el año con estabilidad financiera real.
A este escenario se suma un factor externo. El 46% de los encuestados afirma que el contexto político de 2026 los llevará a ser más cautelosos con el ahorro y la inversión. La cautela, sin embargo, suele convertirse en espera. Y la espera, en oportunidades perdidas.
“El verdadero costo no está en gastar, sino en no decidir a tiempo”, señala David Susa, cofundador de MejorCDT. Según el estudio, el 92% de quienes ahorraron o invirtieron reporta mayor tranquilidad financiera y mejor capacidad para enfrentar imprevistos, una diferencia que va más allá del dinero.
Persisten barreras conocidas: desconfianza, desconocimiento y la idea de que invertir requiere grandes montos. En ese contexto, los instrumentos de bajo riesgo ganan protagonismo como una forma de pasar de la intención a la acción.



