
¿Qué pasaría si los enigmas del siglo XVIII pudieran resolverse con herramientas del siglo XXI? Esa es la premisa que impulsa El Legado de las Murallas, una obra que llega a la Feria Internacional del Libro de Bogotá con una apuesta poco común: usar inteligencia artificial no solo como tema, sino como parte del proceso creativo.
La novela, escrita por el autor colombiano Kike Támara, parte de un enigma histórico: un pergamino sellado en 1741, en plena tensión por el asedio británico a Cartagena. A ese pasado se suma un asesinato en la actualidad y una advertencia que activa la historia: “Busca el sello en el baluarte… y no confíes en nadie”.
Desde ese punto, el relato se mueve como un rompecabezas donde cada pieza conecta historia, tecnología y memoria. Pero lo interesante no es solo lo que cuenta, sino cómo fue construido.
Cuando la inteligencia artificial entra a la escritura
La inteligencia artificial suele aparecer en titulares vinculada a automatización o productividad. Aquí cumple otro rol: ayudar a explorar ideas narrativas, patrones históricos y posibles conexiones entre hechos aparentemente aislados.
No se trata de una novela “escrita por máquinas”, sino de un experimento creativo donde la tecnología acompaña al autor en la construcción del universo narrativo. Esa diferencia importa, porque plantea una pregunta incómoda para el mundo editorial: ¿hasta qué punto la tecnología puede intervenir en la creación sin reemplazar la voz humana?
En este caso, la IA funciona como una especie de lupa. Permite revisar datos, cruzar referencias y abrir caminos narrativos que, de otra manera, podrían pasar desapercibidos. El resultado es una historia con ritmo ágil y una estructura que recuerda al thriller cinematográfico, pero anclada en hechos históricos.
Autopublicar en tiempos de cambio
La novela también refleja otro movimiento silencioso en la industria: el crecimiento de la autopublicación. Kike Támara decidió lanzar su obra de manera independiente, apostando por canales digitales y una construcción directa de audiencia.
Este modelo, cada vez más frecuente, cambia la relación entre autor, editor y lector. Ya no todo pasa por las grandes editoriales. Hoy, un escritor puede probar ideas, validar historias y encontrar lectores sin intermediarios tradicionales.
En ese sentido, El Legado de las Murallas no solo cuenta una historia sobre códigos ocultos en Cartagena. También encarna un cambio en cómo se producen y circulan los libros.
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La elección de Cartagena como escenario no es casual. La ciudad aparece como algo más que un fondo histórico: es casi un personaje. Sus murallas, su arquitectura defensiva y sus silencios funcionan como pistas de un sistema mayor, uno que invita a leer el pasado como si fuera un código aún sin descifrar.
La presentación del libro en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, el próximo 28 de abril en Corferias, marca el primer gran paso para esta propuesta que cruza literatura y tecnología.
Al final, la novela deja una idea que resuena más allá de sus páginas: tal vez la historia no está escrita de forma definitiva. Quizá sigue esperando nuevas herramientas —y nuevas miradas— para ser entendida.



