
Las redes sociales se han convertido en uno de los principales escenarios de la campaña presidencial colombiana. En los últimos días, hashtags como #KpopersConCepeda, #KpopersPorElPacto y #KpopersConIvan comenzaron a ganar visibilidad en plataformas como X, TikTok, Instagram y Facebook, impulsados por comunidades de seguidores del K-pop que expresan su respaldo al candidato Iván Cepeda.
El fenómeno ha llamado la atención porque no se trata de organizaciones políticas tradicionales ni de figuras públicas reconocidas, sino de fandoms digitales acostumbrados a movilizar audiencias en internet. Pero más allá de las tendencias y los videos virales, surge una pregunta: ¿es legal que estos grupos participen activamente en una campaña electoral?
La respuesta, en principio, es sí.
La legislación colombiana protege la libertad de expresión y la participación política de los ciudadanos. Esto significa que cualquier persona puede manifestar públicamente su apoyo a un candidato, compartir propuestas, crear contenido político o promover conversaciones sobre temas electorales en redes sociales.
Siempre que no existan prácticas ilegales como la compra de votos, la difusión deliberada de información falsa, la suplantación de identidad o el uso irregular de recursos de campaña, las publicaciones realizadas por simpatizantes forman parte del ejercicio democrático.
Por esta razón, los mensajes difundidos por las comunidades de K-pop no representan por sí mismos una infracción electoral. Se trataría de expresiones de apoyo político similares a las que realizan influenciadores, creadores de contenido o grupos ciudadanos cuando respaldan una candidatura.
Buenos días mi gente bella y madrugadora. ¿Listas para congestionar redes con nuestro impacto? Porque yo si, hoy más que nunca firmes, PERO POR COLOMBIA con @IvanCepedaCast 💜 #KpopersPorElPacto#CepedaPresidente#NiUnPasoAtrás#ConCepedaEnSegunda pic.twitter.com/3RDMiajq4z
— KPOPERS CON IVAN CEPEDA (@jinkookalien) June 2, 2026
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Sin embargo, lo que hace particular este caso es la capacidad de organización que tienen estos fandoms digitales.
Las comunidades de seguidores del K-pop son conocidas por coordinar acciones masivas en internet. Durante años han perfeccionado estrategias para posicionar tendencias, aumentar la visibilidad de contenidos y movilizar grandes cantidades de usuarios en cuestión de horas. Lo que normalmente utilizan para promocionar a sus artistas favoritos puede adaptarse fácilmente a causas sociales, campañas de solidaridad o iniciativas políticas.
De hecho, este no es un fenómeno completamente nuevo. En Colombia, durante las protestas de 2021, grupos de seguidores del K-pop participaron activamente en la difusión de contenidos relacionados con las manifestaciones. A nivel internacional también han protagonizado acciones digitales que han llamado la atención de medios y analistas políticos.
La aparición de estas comunidades en la campaña presidencial refleja además un cambio en la forma como se construye la opinión pública. Las campañas ya no dependen exclusivamente de debates televisados, plazas públicas o publicidad tradicional. Una parte importante de la conversación ocurre ahora en plataformas digitales donde la capacidad de generar interacción puede ser tan relevante como los actos presenciales.
Para los candidatos, estas dinámicas representan una oportunidad de conectar con votantes jóvenes que consumen información principalmente a través de redes sociales. Para los ciudadanos, evidencian cómo las formas de participación política continúan transformándose en la era digital.
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Aunque resulta difícil medir cuántos votos puede aportar una tendencia en internet, el fenómeno de las kpopers demuestra que los fandoms dejaron de ser simples comunidades de entretenimiento. Hoy también pueden convertirse en actores con capacidad de influir en las conversaciones públicas y amplificar mensajes políticos a gran escala.
En medio de una campaña cada vez más disputada en el terreno digital, la irrupción de estas comunidades confirma que la batalla por la atención de los votantes no solo se libra en las calles o en los debates, sino también en los algoritmos que determinan qué contenido aparece cada día en las pantallas de millones de colombianos.



