
La reciente muerte de María José Ardila, de 23 años, tras participar en un reto de consumo extremo de alcohol, ha encendido las alarmas sobre los peligros que implican estos supuestos desafíos. Aunque muchos consideran que el alcohol “solo emborracha”, la ciencia médica advierte que su consumo masivo en pocos minutos puede provocar un colapso orgánico fulminante.
El toxicólogo Marino García, consultado por Caracol Radio, explicó que el alcohol es un potente depresor del sistema nervioso central, capaz de afectar directamente los centros cerebrales que controlan la respiración, el ritmo cardíaco y la presión arterial. “Cuando una persona toma grandes cantidades en poco tiempo —como ocurre con los llamados fondos blancos— el cerebro se impregna de alcohol, se apagan las áreas que mantienen alerta y el cuerpo puede entrar en paro”, señaló el especialista.
El fenómeno ocurre porque el organismo no alcanza a metabolizar el etanol con la velocidad necesaria. “Si alguien se toma media botella de whisky en dos minutos, puede entrar en coma; pero si lo hace durante ocho horas, el cuerpo tiene tiempo de procesarlo”, añadió. Es decir, el riesgo no depende solo de la cantidad, sino de la velocidad con la que se ingiere.
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El doctor García detalla que, al llegar rápidamente a la sangre, el alcohol afecta las estructuras cerebrales encargadas de mantener las funciones vitales automáticas. “El corazón late y respiramos sin pensar en ello, pero eso está regulado por el tallo cerebral. Cuando el alcohol apaga esa zona, la persona deja de respirar y muere”, explicó.
Además, el alcohol puede disparar convulsiones, sobre todo en personas con enfermedades neurológicas o predisposición a crisis epilépticas. “El umbral convulsivo se vuelve más bajo y el cuerpo colapsa antes”, agregó el experto.
Los jóvenes son especialmente vulnerables. Su cerebro, aún en formación, posee una barrera hematoencefálica menos madura, lo que permite que el alcohol penetre con mayor facilidad y cause daños neurológicos más severos. En adolescentes, incluso una dosis moderada puede generar convulsiones o pérdida de conciencia.
Tolerancia y mitos comunes
Ante un caso de intoxicación, muchos recurren a remedios caseros: café, agua con bicarbonato, aceite o comidas grasosas. Pero el toxicólogo aclara que ninguno de esos métodos reduce el nivel de alcohol en sangre. “No existe un antídoto casero. Si alguien presenta pérdida de conciencia o vómito, hay que ponerlo de lado, proteger su vía aérea y llevarlo de inmediato a urgencias”, recomendó.
La única forma médica efectiva de eliminar el alcohol en casos graves es la diálisis, un procedimiento hospitalario que permite depurar la sustancia directamente de la sangre.
La tolerancia al alcohol varía entre personas. Factores como la edad, el peso, el sexo y la presencia de enzimas metabolizadoras influyen. Las mujeres, por ejemplo, suelen tener menos alcohol deshidrogenasa que los hombres, lo que las hace más susceptibles a los efectos tóxicos.
Sobre otro mito popular, el experto aclara: mezclar licores sí embriaga más rápido, no por una reacción química entre ellos, sino porque las bebidas tienen distintas concentraciones de etanol que, sumadas, elevan drásticamente el nivel de alcohol en sangre.
Más conciencia, menos presión social
El caso de María José Ardila refleja un patrón que se repite entre adolescentes y adultos jóvenes: la presión de grupo y los “retos virales” donde se premia la imprudencia. Pero el cuerpo humano no está diseñado para resistir tal agresión. “El alcohol en altas concentraciones no solo embriaga, puede apagar el cerebro y matar”, advirtió el toxicólogo.
El mensaje final, es que la única forma segura de consumir alcohol es hacerlo con responsabilidad, sin competir ni probar límites. Los retos que circulan en redes sociales y ofrecen en los bares para ganar un premio, no son juegos. En muchos casos, pueden convertirse en una tragedia.
Foto: :urbazon



