
El Ministerio de Justicia presentó una guía técnica que busca mejorar la capacidad de respuesta ante situaciones de violencia en el entorno familiar.
El documento, titulado Guía para la valoración de percepción del riesgo de feminicidio en el contexto familiar, propone herramientas concretas para detectar señales de alerta antes de que ocurran hechos irreparables. Su enfoque parte de una idea central: el feminicidio no ocurre de forma aislada, sino como resultado de una cadena de violencias previas.
La guía está dirigida principalmente a profesionales de psicología y trabajo social que operan en comisarías de familia. Su objetivo es estructurar la evaluación del riesgo mediante criterios técnicos, evitando decisiones basadas únicamente en la intuición o en percepciones fragmentadas.
Uno de los aportes más relevantes es la incorporación de tres módulos iniciales obligatorios. Estos incluyen el consentimiento informado, la caracterización del caso y una entrevista semiestructurada. A partir de estos elementos, los profesionales pueden aplicar instrumentos específicos según el tipo de relación entre la víctima y el agresor.
La metodología reconoce que la violencia tiene múltiples dimensiones. No se limita a agresiones físicas, sino que abarca control psicológico, aislamiento, amenazas y violencia económica. Esta mirada amplia permite entender cómo se construye el riesgo en la vida cotidiana de las mujeres.
Evaluar antes de que sea tarde
El documento también introduce un concepto clave: la percepción del riesgo. Este elemento analiza cómo las propias víctimas interpretan el peligro que enfrentan, teniendo en cuenta factores como experiencias previas, miedo, apoyo social y dependencia emocional.
Según la guía, esta percepción puede estar distorsionada. Algunas mujeres subestiman el peligro, mientras otras lo sobreestiman. Por eso, la valoración profesional resulta fundamental para contrastar esa percepción con indicadores objetivos de riesgo.
Otro aspecto central es el enfoque diferencial. La herramienta reconoce que no todas las mujeres enfrentan las mismas condiciones. Factores como la edad, el origen étnico, la situación económica o el territorio influyen en la vulnerabilidad.
Además, el documento establece principios éticos estrictos para su aplicación. Entre ellos, la confidencialidad, el respeto por la autonomía de la víctima y la obligación de evitar cualquier acción que pueda aumentar el riesgo.
La guía también insiste en la necesidad de articulación institucional. La información recopilada no solo sirve para el diagnóstico, sino para activar rutas de protección y medidas legales oportunas.
El contexto colombiano refuerza la urgencia de este tipo de herramientas. Las cifras oficiales muestran una persistencia de casos de feminicidio y tentativa en los últimos años, lo que evidencia la necesidad de fortalecer los mecanismos de prevención.
En ese sentido, este instrumento no busca únicamente medir el riesgo, sino intervenir a tiempo. Su implementación puede marcar la diferencia entre una alerta atendida y una tragedia que pudo evitarse.
¿Hay señales de riesgo en tu entorno?
Haz clic en cada señal para entender su nivel de riesgo
Expresiones como “te voy a matar” o amenazas contra hijos o familiares.
Estrangulamiento, ataques con objetos o lesiones que requieren atención médica.
Revisión del celular, prohibición de ver a familiares o controlar dinero.
La persona limita tus contactos, amistades o actividades externas.
La violencia aumenta en frecuencia o intensidad con el tiempo.
Seguimiento constante, llamadas excesivas o vigilancia permanente.
Foto: wayhomestudio



