
¿Puede una película estrenarse dos veces… y aun así sentirse como un único gran evento global? Eso es exactamente lo que propone Greta Gerwig con Narnia: El sobrino del mago, una apuesta que llegará primero a salas el 12 de febrero de 2027 —con funciones anticipadas en IMAX desde el día 10— y después a Netflix el 2 de abril del mismo año.
No es un simple lanzamiento. Es una estrategia pensada para convertir una historia clásica en una experiencia compartida, tanto en pantalla gigante como en casa.
Un clásico que regresa desde el origen
La película adapta por primera vez El sobrino del mago, la novela publicada en 1955 por C. S. Lewis. A diferencia de otras entregas conocidas por el público, esta historia se sitúa en el inicio de todo: la creación del mundo de Narnia.
Ahí aparece uno de los elementos más llamativos: un león que no ruge para dominar, sino que canta para dar vida. Esa idea —tan extraña como poderosa— fue la que marcó a Gerwig desde niña y ahora se convierte en el eje emocional de su adaptación.
El reparto mezcla nuevos rostros como David McKenna y Beatrice Campbell con figuras reconocidas como Emma Mackey, Carey Mulligan, Daniel Craig y Meryl Streep. Detrás de cámaras, nombres clave de la industria acompañan una producción que busca equilibrio entre espectáculo y sensibilidad narrativa.
Pero más allá del elenco, lo relevante está en cómo se reinterpreta el material original: no como una reliquia literaria, sino como una historia sobre el asombro, la imaginación y la posibilidad de que lo extraordinario irrumpa en lo cotidiano.
El cine como evento… y el streaming como destino
El modelo de estreno revela un cambio interesante en la industria. Durante años, el debate fue cine o streaming. Aquí la apuesta es otra: primero generar un momento colectivo en salas —especialmente en formatos como IMAX— y luego ampliar el alcance en una plataforma global.
Es una jugada que busca lo mejor de ambos mundos. Por un lado, la experiencia inmersiva que convierte una película en conversación cultural. Por otro, la accesibilidad que permite que millones de personas la vean sin barreras geográficas.
Para entender su impacto, basta una comparación simple: es como un concierto que se vive en vivo y después se distribuye para que nadie se quede por fuera. No compiten entre sí; se complementan.
Gerwig lo resume desde un lugar personal. Su conexión con Narnia no nace del cine, sino de la lectura. Y ese vínculo es el que intenta trasladar ahora a una nueva generación que consume historias de formas muy distintas.
El reto no es menor. Adaptar un universo tan querido implica enfrentarse a la nostalgia, pero también a expectativas altas en términos visuales y narrativos. La diferencia estará en si logra que la historia se sienta vigente sin perder su esencia.
Al final, más que una película, Narnia: El sobrino del mago parece diseñada como una puerta de entrada: al cine como experiencia compartida, al streaming como espacio de continuidad y, sobre todo, a la idea de que aún hay historias capaces de recordarnos por qué vale la pena imaginar.



