
Un error técnico durante un evento político en San Onofre, Sucre, volvió a encender una de las discusiones más sensibles del debate público colombiano: el uso de las llamadas “bodegas” en redes sociales. Un micrófono abierto dejó al descubierto comentarios del expresidente Álvaro Uribe Vélez y de miembros de su equipo, lo que derivó en una fuerte reacción del presidente Gustavo Petro y reactivó el choque entre el uribismo y el petrismo por la supuesta manipulación digital de la opinión pública.
El término “bodegas” se ha popularizado en Colombia para describir redes organizadas de usuarios que actúan de forma coordinada en plataformas digitales. Su objetivo principal es amplificar mensajes políticos, posicionar tendencias, defender liderazgos o atacar a contradictores. Estas estructuras pueden operar de distintas maneras: desde militantes reales que replican contenidos por afinidad ideológica, hasta esquemas más complejos que, según denuncias, incluyen perfiles falsos, automatización y financiamiento.
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El debate sobre las bodegas no es nuevo, pero el episodio ocurrido en San Onofre lo llevó nuevamente al centro de la agenda nacional. En la transmisión del evento se escuchó a una candidata del Centro Democrático mencionar la necesidad de mover piezas audiovisuales con “bodegueros”, una frase que fue interpretada como confirmación de una estrategia digital organizada. A esto se sumó un comentario de Uribe sobre “hacer llorar” en redes a una activista petrista, lo que generó una ola de críticas por presunta incitación al acoso digital.
La rápida viralización del audio convirtió el hecho en un nuevo frente de confrontación política y mediática, en un contexto marcado por la polarización y el uso intensivo de redes sociales como escenario de disputa ideológica.
Uribe, el Centro Democrático y la reacción de Gustavo Petro
Tras la polémica, el Centro Democrático salió en defensa de su líder y asumió públicamente el concepto de bodegas. El partido aseguró que estas no corresponden a estructuras pagadas ni a campañas de desinformación, sino a ciudadanos que, de manera voluntaria, defienden sus ideas políticas desde sus propios perfiles. Según la colectividad, se trata de una expresión legítima de participación democrática y no de una operación clandestina.
Incluso, desde el partido se afirmó que el expresidente Uribe nunca ha negado la existencia de estas redes y que se siente orgulloso del respaldo digital de sus seguidores, a quienes describen como militantes activos y convencidos. La colectividad rechazó que exista pago a influenciadores y sostuvo que sus movilizaciones en redes responden a iniciativa propia.
Por su parte el presidente Gustavo Petro afirmó que las bodegas no son simples redes de ciudadanos, sino estructuras que requieren grandes recursos económicos, infraestructura tecnológica, servidores y perfiles falsos. Para el mandatario, este tipo de prácticas buscan deformar la realidad, manipular la opinión pública y operar a través de la calumnia y el ataque sistemático.
Bodegas le decían a las redes de activistas progresistas y de militantes por la Vida.
— Gustavo Petro (@petrogustavo) January 11, 2026
Para hacer bodegas se necesita mucho capital. Hay que comprar máquinas, servidores y muchísimos perfiles falsos. Las bodegas son de empresarios al servicio de la calumnia. Y por eso aparece,… https://t.co/SL7q3CrIAm
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Petro fue más allá del cruce político y pidió que estas prácticas sean investigadas por las autoridades, al considerar que podrían constituir delitos. Según el jefe de Estado, la Fiscalía no ha avanzado lo suficiente en esclarecer el alcance de estas operaciones digitales ni en determinar quiénes estarían detrás de su financiamiento.
Más allá del episodio puntual, la controversia deja en evidencia un problema de fondo: los límites entre la militancia política en redes, la libertad de expresión y el acoso digital. En un país donde las plataformas digitales tienen un peso creciente en la formación de opinión, el debate sobre las bodegas ya no es marginal, sino una discusión central sobre la calidad de la democracia y el uso del poder en el entorno digital.



