
La aprobación de la fusión entre Tigo y Movistar por parte de la SIC marca un movimiento que cambia silenciosamente el equilibrio del mercado móvil en Colombia. Más que una decisión regulatoria, el documento revela una redefinición profunda de quién tiene capacidad real para competir y quién quedará relegado a la orilla del sistema.
La SIC asegura que su decisión está acompañada de controles para evitar abusos y garantizar independencia entre los operadores. Sin embargo, el análisis del expediente muestra que los mecanismos económicos fundamentales —especialmente el roaming— permanecen intactos. En ellos se define, en la práctica, quién puede competir y quién será empujado a la salida.
Una fusión que reorganiza el tablero sin admitirlo públicamente
La resolución explica que la integración permitirá consolidar infraestructura, mejorar la calidad del servicio y acelerar la transición hacia 5G. El argumento es claro: una red más eficiente beneficia al país. Pero lo que no se dice con la misma claridad es que esta eficiencia crea un nuevo centro de poder en el mercado móvil.
El documento no formula la fusión como una concentración, pero para cualquier actor pequeño, el resultado es inequívoco: enfrentarán a una red unificada con costos mínimos y capacidad de despliegue superior. La SIC lo llama “optimización”; para los regionales, es la construcción de un gigante al que no pueden igualar en escala ni en precios.
El país gana una red más robusta, sí, pero pierde la competencia equilibrada que permitía la coexistencia de modelos más pequeños y regionales.
Roaming: el punto donde la teoría regulatoria se estrella con la realidad del mercado
El expediente dedica varias páginas a los riesgos del Roaming Automático Nacional. La SIC reconoce que los operadores pequeños dependen de este servicio para existir. Sin embargo, mantiene la tarifa basada en capacidad de 4 megabits, una cifra que supera, en muchos casos, los ingresos que los regionales pueden generar por usuario.
La nueva red compartida producirá ese megabit a costo marginal casi cero. Los pequeños deberán pagarlo a un precio que no refleja ese costo real. Esta diferencia se vuelve una sentencia económica: el mayorista ofrece un servicio barato de producir, pero caro de comprar. Y el minorista queda atrapado entre la tarifa regulada y la presión comercial de mantener precios competitivos para no perder usuarios.
Los controles incluidos por la SIC son procedimentales: auditorías, reportes, manuales, certificaciones. Ninguno modifica el corazón del problema: la tarifa base que convierte el roaming en una carga financiera imposible de sostener para los pequeños.
Una competencia que se estrecha mientras el país mira hacia otro lado
El documento muestra que varios de los condicionamientos fueron planteados por las mismas empresas que se integran. La SIC los adopta con pocos cambios. Este alineamiento crea un marco regulatorio que no corrige desigualdades, sino que las formaliza. La autoridad vigila, pero no equilibra.
Para actores como WOM, que ya enfrentan problemas de sostenibilidad, competir en este mercado es complejo. Para operadores con decenas de miles de líneas y sin infraestructura propia, es directamente inviable. El mercado, que durante años intentó abrir espacio a propuestas regionales e independientes, se encamina hacia un mapa con menos jugadores y más dependencia de dos redes principales.
Los usuarios en zonas apartadas, donde los pequeños han cumplido un rol clave, podrían quedar sin alternativas. Y el país perdería la diversidad de operadores que durante décadas ayudó a cerrar brechas de conectividad.
Ahora bien, la SIC aprobó la fusión Tigo–Movistar bajo el argumento de fortalecer la infraestructura del país. Pero al mantener intacto el modelo de roaming, dejó sin resolver el dilema central del mercado móvil: la desigualdad en los costos. La integración crea una red más grande y eficiente, mientras reduce el espacio para quienes operan desde la periferia del sistema.
Para los grandes, esta es una oportunidad de expansión. Para los operadores pequeños, es una advertencia: el mercado ya no está diseñado para ellos.



