
¿Cuántas películas que hablan de lo que pasa en África, Asia o América Latina llegan realmente a cartelera? La respuesta suele ser incómoda: muy pocas. Y justo ahí aparece una apuesta que esta semana convierte a Medellín en algo más que una sede cultural: la vuelve un punto de encuentro para historias que rara vez encuentran pantalla.
Desde este 22 de abril, el Alternativa Film Festival abre su programación al público tras una gala inaugural que agotó la capacidad del Museo de Arte Moderno de Medellín. No es un dato menor. Habla de una audiencia interesada en otro tipo de cine, uno que no gira alrededor del entretenimiento rápido, sino de preguntas difíciles.
Leer más: Documental: El último mensaje incómodo de Pepe Mujica llega a la pantalla; menos política, más vida
Impulsado por la compañía tecnológica inDrive, el festival nació con una intención clara: amplificar voces del llamado Sur Global. La idea no es solo exhibir películas, sino crear circulación para relatos que suelen quedarse fuera del radar comercial.
La inauguración dejó el tono marcado. La proyección de Belén, dirigida por Dolores Fonzi y ganadora del Premios Goya a Mejor Película Iberoamericana en 2026, conectó con un público diverso. En la sala había figuras como Marcela Mar, Víctor Gaviria y Natalia Reyes, pero también espectadores que llegaron sin credenciales, solo con curiosidad.
Cine que no busca gustar, sino decir algo
A diferencia de otros eventos, aquí la competencia no se mide solo en premios. Se mide en impacto. Las películas seleccionadas abordan temas sociales, ambientales y políticos sin suavizarlos.
La programación de apertura lo deja claro. Tierra Perdida inicia la jornada con una conversación posterior junto al coproductor Elise Shick. Más tarde llega Brigitte, Planeta B, de Santiago Posada, un documental que sigue a Brigitte Baptiste y su mirada sobre biodiversidad y sociedad.
No son títulos diseñados para pasar desapercibidos. Invitan a detenerse, a escuchar, a incomodarse un poco.
Programación Festival
Medellín como vitrina internacional
Que este festival ocurra en Medellín tampoco es casual. La ciudad lleva años construyendo una identidad cultural que va más allá de los eventos masivos.
En los próximos días, la agenda suma producciones como La hija del cóndor y Un mundo frágil y maravilloso. También destaca Piedras preciosas, debut del director Simón Vélez, que ya tuvo recorrido por espacios como el Festival Internacional de Cine de Berlín y el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias.
Esa mezcla —cine local que dialoga con circuitos globales— es parte del atractivo. No se trata de competir con grandes industrias, sino de ofrecer otra conversación.
Detrás de todo está Alternativa, una iniciativa sin ánimo de lucro creada en 2023 que busca algo concreto: que estas películas no se queden en nichos. Que viajen. Que encuentren público. Que generen conversación.
Al final, lo que ocurre en Medellín esta semana no es solo un festival. Es una prueba de algo más grande: que todavía hay espacio para historias que no encajan en fórmulas y que, aun así, logran llenar salas. Y eso, en tiempos de consumo rápido, ya dice bastante.



