
Una exposición en Boston, Estados Unidos, reúne 120 grabados que tienen algo en común. Detrás de cada uno hay decisiones humanas, materiales físicos y pequeñas imperfecciones que sus creadores consideran parte del valor artístico. La muestra llega cuando la inteligencia artificial puede producir imágenes digitales en cuestión de segundos y vuelve a plantear qué distingue una obra creada por una persona.
La exposición, llamada Boston Printmakers 2026 North American Print Biennial, se presenta en la galería 808 de la Universidad de Boston y reúne trabajos realizados mediante técnicas que van desde el grabado tradicional hasta procedimientos digitales experimentales.
Para seleccionar las obras, más de 600 artistas presentaron más de 2.000 grabados. La curaduría estuvo a cargo de Elizabeth Rudy, especialista en grabados de los Harvard Art Museums.
La propuesta no consiste en enfrentar todas las herramientas digitales con el arte tradicional. Su interés está en mostrar cómo los artistas utilizan materiales, conocimientos y técnicas diferentes para producir imágenes que conservan las huellas de su elaboración.
Las imperfecciones también forman parte de una obra
Un grabado puede comenzar con una superficie de madera, una placa metálica o una pantalla de serigrafía. El artista prepara el material, trabaja sobre él y transfiere tinta a otra superficie para obtener una imagen.
Durante ese proceso aparecen variaciones difíciles de controlar por completo. Una línea puede resultar más gruesa de lo previsto, la tinta puede distribuirse de manera irregular y una textura puede cambiar el resultado.
Para Deborah Cornell, profesora de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Boston y copresidenta de la exposición, esas diferencias permiten reconocer la intervención humana.
Cornell plantea una distinción frente a la inteligencia artificial. Las obras expuestas nacen de la observación, las experiencias y las decisiones de quienes las realizan. Los colores y las formas responden a percepciones personales, no únicamente a cálculos informáticos.
La profesora también explica que en la enseñanza artística se anima a los estudiantes a aprovechar los accidentes que aparecen durante el trabajo, en lugar de intentar eliminarlos siempre.
De grabados en madera a obras hechas con piezas LEGO
Entre las 120 piezas aparece Solitude, de Kathy Klitz, una composición en blanco y negro que representa un glaciar mediante líneas talladas sobre madera.
La artista retiró partes de una superficie cubierta de tinta para formar trazos blancos. Las diferencias en el grosor de las líneas dejan ver el movimiento de su mano.
Otra obra, Nocturnal, de Art Werger, representa una ciudad durante la noche con un nivel de detalle cercano al de una fotografía. Para realizarla, el artista utilizó la técnica de mezzotinta, que permite crear gradaciones de luz y sombra trabajando una placa de cobre.
La exposición también incluye propuestas menos convencionales.
Cascade Almond creó The Guardians mediante una técnica de impresión que utiliza piezas LEGO para formar las imágenes de dos leones guardianes chinos.
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Joshua Brennan, por su parte, combina impresión digital y procedimientos tradicionales en Subcutaneous Field, una composición que juega con la superposición de imágenes y una cortina física para alterar la percepción del espectador.
Estas obras muestran que la defensa del trabajo humano no implica abandonar las herramientas tecnológicas. Los artistas también pueden incorporarlas a sus procesos sin renunciar a la experimentación material.
La discusión adquiere relevancia mientras las herramientas de inteligencia artificial generativa permiten producir imágenes a partir de instrucciones escritas. Aunque ambos procedimientos pueden dar como resultado una imagen, sus procesos de creación son diferentes.
La bienal propone observar precisamente esas diferencias. Una textura irregular, una línea inesperada o una marca sobre el papel pueden revelar cómo se construyó una obra y qué decisiones tomó su autor.
La exposición estará abierta hasta el 21 de noviembre de 2026 en la galería 808, ubicada en el 808 de Commonwealth Avenue, Boston. La entrada es gratuita y el horario de visita es de martes a sábado, de 11:00 a. m. a 5:00 p. m.



