
Colombia cerró las puertas al experimento de WorldCoin, el proyecto impulsado por Sam Altman, creador de ChatGPT, que prometía una “identidad digital global” a cambio de algo muy personal: el iris de las personas.
La Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) ordenó suspender todas las actividades de la empresa en el país y eliminar los datos recolectados.
Según la entidad, la operación no ofrecía garantías reales sobre el manejo de la información biométrica.
La decisión coloca a Colombia junto a países como España, Chile y Portugal, que ya habían advertido sobre los riesgos de entregar datos tan sensibles a una compañía privada.
De acuerdo con la SIC, WorldCoin no informó con claridad a los usuarios qué hacía con sus datos ni cómo podían eliminarlos del sistema.
Tampoco contaba con políticas transparentes de seguridad ni con canales efectivos de reclamación.
El presidente Gustavo Petro respaldó la medida y celebró la defensa del derecho a la privacidad.
“El ciudadano es dueño de sus datos. Nadie puede negociar con ellos sin transparencia”, aseguró el mandatario.
El mensaje apunta directamente al núcleo del debate: ¿hasta dónde puede llegar una empresa tecnológica para crear una economía digital basada en información humana?
El proyecto ofrecía criptomonedas —los llamados tokens de WorldCoin— a cambio del escaneo del iris, realizado mediante un dispositivo metálico llamado Orb.
Cada persona que aceptaba el proceso recibía un identificador digital único, supuestamente imposible de falsificar.
Sin embargo, la autoridad colombiana consideró que el sistema era “opaco” y que sus términos no garantizaban el derecho de los ciudadanos a revocar su consentimiento.
Cielo Rusinque, superintendenta de Industria y Comercio, explicó que la compañía no cumplía con la legislación local de protección de datos personales.
“WorldCoin no demostró mecanismos adecuados de seguridad ni claridad sobre el tratamiento de la información”, dijo en un comunicado oficial.
La entidad también ordenó suprimir de inmediato los registros del iris de quienes ya participaron en el experimento.
La empresa Tools for Humanity, responsable del proyecto, asegura que los datos no se guardan como imágenes sino como códigos cifrados que no pueden vincularse a una persona específica.
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Aun así, expertos en privacidad señalan que la promesa no basta si el usuario no tiene control total sobre su información.
“Decir que algo está cifrado no elimina el riesgo de uso indebido”, advierte el abogado y analista digital Juan Diego Castañeda, de la Fundación Karisma.
Varios países ya habían frenado a WorldCoin por motivos similares: falta de transparencia, dudas éticas y posibles violaciones a las leyes de protección de datos.
En España, la Agencia de Protección de Datos ordenó detener el escaneo de ojos tras recibir más de 400 denuncias.
En Kenia, las autoridades decomisaron equipos y suspendieron la iniciativa por considerarla riesgosa para la soberanía digital.
Por otra parte, a SIC abrió investigación formal y no descarta sanciones adicionales si la empresa reincide o incumple la orden de supresión.
Mientras tanto, los puntos de escaneo que operaban en centros comerciales y universidades deberán cerrar de inmediato.
El caso WorldCoin deja una lección clara: la tecnología puede avanzar rápido, pero la confianza no se programa con algoritmos.
La identidad y los datos personales no son mercancía ni materia prima para la economía digital.
Colombia se suma así a la cruzada mundial que recuerda que, en tiempos de inteligencia artificial, el valor más importante sigue siendo el humano.



