
Durante varios años, las compañías de entretenimiento hicieron exactamente lo contrario. Retiraron películas y series de Netflix para guardarlas detrás de las puertas de sus propias plataformas. Disney fue una de las protagonistas de esa carrera.
Ahora parte de ese camino empieza a recorrerse en sentido contrario.
Disney Entertainment llegó a un acuerdo para licenciar a Netflix una selección de películas y series de su catálogo. Las cinco entregas de Ice Age y las dos primeras temporadas de Percy Jackson and the Olympians estarán entre los primeros títulos que aparecerán desde el 4 de octubre.
No significa que Disney esté renunciando a Disney+.
Las licencias son temporales y forman parte de una estrategia que permite volver a obtener ingresos de producciones que la compañía mantiene dentro de su propio ecosistema.
Hay además una coincidencia difícil de ignorar en las fechas.
Netflix tendrá durante tres meses las primeras temporadas de Percy Jackson antes del estreno de la tercera temporada en Disney+, previsto para el 20 de noviembre.
Algo similar ocurrirá con Ice Age. Las cinco películas estarán disponibles temporalmente mientras Disney prepara el regreso de la franquicia a las salas con Ice Age: Boiling Point, cuyo estreno está previsto para febrero de 2027.
Netflix puede convertirse así en una enorme vitrina para recordar al público dos franquicias que Disney está a punto de volver a explotar.
El acuerdo incluye más producciones.
Will Trent forma parte de los títulos licenciados, mientras otras películas y series irán apareciendo en diferentes mercados. Entre los nombres anunciados están Soul, Elio, Raya and the Last Dragon, Felicity, Revenge y Fresh Off the Boat.
Las fechas y disponibilidad no serán idénticas en todos los países.
La guerra del streaming cambió
El movimiento resulta llamativo por lo ocurrido durante la década anterior.
Cuando Disney+, Max, Peacock y otras plataformas entraron al mercado, disponer de contenido exclusivo se convirtió en una prioridad. Las compañías recuperaron licencias y llevaron sus películas y series a servicios propios.
Para el usuario, el resultado fue una biblioteca fragmentada entre múltiples suscripciones.
Pero producir contenido y mantener una plataforma global cuesta miles de millones de dólares. Una película antigua que permanece únicamente dentro de un servicio propio puede generar menos dinero que una producción licenciada temporalmente a un competidor.
Netflix ofrece además algo difícil de ignorar: una audiencia mundial enorme.
Disney puede cobrar por permitir que determinadas producciones aparezcan allí y, al mismo tiempo, utilizarlas para despertar interés en próximas temporadas o estrenos cinematográficos.
La operación no convierte a Netflix y Disney en aliados permanentes. Siguen compitiendo por suscriptores, producciones y tiempo de pantalla.
Simplemente demuestra que la exclusividad absoluta ya no parece tan indispensable como durante los primeros años de la llamada guerra del streaming.
Para los espectadores, la consecuencia será más sencilla de notar.
A partir del 4 de octubre, una familia que tenga Netflix podrá encontrar allí películas de Ice Age y temporadas de Percy Jackson sin contratar Disney+ para ver esos títulos durante el periodo de la licencia.
Después podrán volver a desaparecer.
La diferencia es que Disney parece haber redescubierto algo que la televisión y el cine conocían desde mucho antes de que existiera el streaming: una misma producción puede seguir produciendo dinero cada vez que encuentra una nueva pantalla.



