
En Colombia, la inteligencia artificial dejó de ser una promesa lejana. Sin hacer ruido, se metió en la oficina, en el teletrabajo, en el chat del equipo y hasta en las tareas que antes parecían imposibles de simplificar. Hoy, miles de profesionales del país empiezan su jornada abriendo un asistente de IA antes que el correo. Lo hacen para investigar, escribir, ordenar ideas o analizar información. Y lo más interesante: lo hacen por iniciativa propia, no porque su empresa lo haya pedido.
El nuevo estudio “Work: InProgress”, presentado por Google junto con IDC y Provokers, confirma que esta tendencia ya no es un comportamiento aislado. Es, en realidad, una característica del trabajador colombiano actual: curioso, autodidacta y decidido a encontrar herramientas que le permitan hacer mejor su trabajo, así la empresa no las ofrezca oficialmente. Por eso, siete de cada diez profesionales en Colombia ya usan un asistente de IA personal para tareas laborales. No corporativo. Personal. Y eso dice mucho.
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Al revisar los datos, se entiende por qué: las personas sienten que la IA acelera su trabajo, mejora la calidad de lo que entregan y les permite comprender mejor información que, de otra forma, tomaría horas procesar. Desde escribir un texto claro hasta cruzar datos complejos, la IA se volvió una especie de “pareja laboral” que organiza el día y reduce cargas repetitivas.
Pero este avance también expone una realidad incómoda: mientras los trabajadores ya adoptaron la tecnología, muchas empresas no han hecho el mismo recorrido. Apenas el 31% cuenta con políticas claras sobre el uso de IA y casi la mitad reconoce riesgos de seguridad cuando los empleados utilizan estas herramientas por fuera del ecosistema corporativo. Es una contradicción que ya empieza a sentirse: la gente quiere avanzar, pero las organizaciones todavía están decidiendo cómo regular el cambio.
Un salto que empezó desde el escritorio del trabajador, no desde la junta directiva
Lo que revela el estudio es simple: en Colombia, la IA no se está implementando “de arriba para abajo”. Todo lo contrario. El movimiento arrancó desde el empleado, desde la necesidad diaria de trabajar mejor y desde la libertad de probar herramientas que no requieren permisos o aprobaciones.
Según el informe, las tareas donde más se usa IA son investigación, análisis de datos, redacción y creación de contenido visual. Son actividades comunes en la mayoría de profesiones. Y si a eso se suma que las empresas todavía ofrecen pocas capacitaciones —solo tres de cada diez trabajadores reciben entrenamiento formal—, queda claro que el aprendizaje está ocurriendo desde la práctica personal.
Esto conecta con otro hallazgo del estudio: aprender a usar IA ya es tan importante como aprender un idioma. Incluso más que hacer un posgrado. No porque los títulos hayan perdido relevancia, sino porque la realidad del trabajo cambió. El profesional que domina estas herramientas puede ser más rápido, más eficiente y más creativo, sin importar la industria.
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El informe también refuerza que Colombia destaca en la región. No solo por la adopción acelerada, sino por su capacidad de aprendizaje. Google resalta que el país ha demostrado una mano de obra con buenas bases técnicas, acostumbrada a explorar nuevas tecnologías y dispuesta a integrarlas en su rutina, con o sin guía empresarial. Es un escenario que marca una diferencia frente a otros países donde la adopción depende más de decisiones corporativas.
Y mientras todo esto ocurre, el entorno laboral también se transforma. El modelo híbrido ya es predominante y casi la mitad de los profesionales está dispuesta a cambiar de empleo si eso le da más flexibilidad. La IA, por su parte, acompaña esta transición: hace que el trabajo remoto sea más eficiente y que la productividad no dependa del lugar, sino de las herramientas.



