
La inteligencia artificial podría pasar de responder preguntas y generar imágenes a controlar robots, supervisar maquinaria y tomar decisiones dentro de una fábrica. Huawei considera que esta evolución será uno de los grandes cambios tecnológicos de la próxima década y sitúa su desarrollo en el horizonte de 2035.
La compañía presenta esta proyección en su informe Mundo Inteligente 2035: De la visión a la acción, donde analiza el avance de la llamada inteligencia física, una tecnología que busca conectar los sistemas de inteligencia artificial con máquinas capaces de interactuar directamente con el entorno.
La diferencia frente a los asistentes digitales actuales está en las consecuencias de sus decisiones. Una IA puede equivocarse al responder una pregunta, pero cuando interviene en una operación industrial, un error podría detener una línea de producción, dañar equipos o poner en riesgo a los trabajadores.
Huawei identifica la minería, la manufactura, la energía y la logística como algunas de las actividades que podrían incorporar estas capacidades.
¿Cómo funcionaría una inteligencia artificial que controla máquinas?
Para que una IA pueda actuar en el mundo físico necesita combinar diferentes tecnologías. Los sensores y las cámaras le permiten recibir información del entorno, mientras que los modelos de inteligencia artificial interpretan esos datos y evalúan posibles acciones.
La robótica se encarga de ejecutar los movimientos mediante brazos mecánicos, vehículos autónomos u otros equipos conectados.
A estas capacidades se suman los modelos científicos, que utilizan simulaciones y cálculos para anticipar cómo podría comportarse una máquina antes de realizar determinados ajustes.
Leer más: Samsung prepara el 6G con IA y conexión satelital: ¿qué cambiará?
Por ejemplo, en una mina, un sistema podría analizar las vibraciones y temperaturas de una excavadora para detectar señales de una posible falla. En una fábrica, podría identificar problemas de producción y evaluar ajustes antes de que la operación se detenga.
Pedro Romero, oficial de Ciberseguridad de Huawei, explica que el desafío consiste en trasladar el aprendizaje automático desde los datos digitales hacia las acciones en el mundo real.
La expectativa es desarrollar máquinas que no dependan exclusivamente de instrucciones previamente programadas, sino que puedan adaptar algunas de sus tareas cuando cambien las condiciones de trabajo.
El reto no será solamente tecnológico
La posibilidad de entregar decisiones operativas a una inteligencia artificial también plantea interrogantes sobre seguridad, empleo y supervisión humana.
Una máquina autónoma necesita mecanismos que permitan detener sus acciones cuando detecte una condición peligrosa. También requiere sistemas de protección frente a errores informáticos, fallas de sensores y posibles ataques cibernéticos.
En el ámbito laboral, estas tecnologías podrían asumir actividades repetitivas o de alto riesgo, mientras que los trabajadores tendrían nuevas responsabilidades relacionadas con el mantenimiento, la programación y la supervisión de los equipos.
Sin embargo, el informe de Huawei presenta una visión tecnológica, no una implementación industrial generalizada. El documento no especifica cuánto costaría adoptar estos sistemas, qué empresas los utilizarían ni cuántos puestos de trabajo podrían verse afectados.
Tampoco establece que para 2035 todas las fábricas o minas funcionarán mediante inteligencia artificial autónoma.
Lo que sí plantea Huawei es una evolución en la relación entre personas y máquinas. La IA dejaría de utilizarse exclusivamente para procesar información y comenzaría a participar en tareas físicas que hoy requieren sistemas especializados y supervisión constante.
El verdadero desafío será demostrar que estas tecnologías pueden tomar decisiones confiables cuando sus acciones tienen consecuencias sobre personas, equipos e instalaciones.


