
La Catedral de Sal de Zipaquirá acaba de sumar un aliado inesperado al otro lado del Atlántico. El principal atractivo turístico de Cundinamarca firmó una alianza con la Mina de Sal de Wieliczka, en Polonia, un lugar que recibe visitantes desde hace siglos y que forma parte de la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO.
La noticia conecta dos escenarios que tienen algo poco común: ambos nacieron de antiguas explotaciones mineras y terminaron convertidos en referentes del turismo mundial.
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Mientras la Catedral de Sal recibe cerca de un millón de visitantes al año, Wieliczka atrae a viajeros de todo el mundo que recorren kilómetros de túneles excavados bajo tierra. Sus galerías alcanzan profundidades superiores a los 300 metros y conservan una historia minera que comenzó hace más de 700 años.
Para Zipaquirá, el acuerdo significa entrar en una red de cooperación con uno de los destinos subterráneos más reconocidos de Europa. La idea es desarrollar campañas de promoción conjunta, compartir experiencias en conservación patrimonial y realizar actividades culturales entre ambos países.
Una alianza que llevará arte colombiano hasta Europa
Uno de los proyectos más llamativos será el intercambio de esculturas elaboradas en sal. Las piezas viajarán entre Colombia y Polonia y quedarán exhibidas de forma permanente en cada uno de los complejos turísticos.
También se realizarán iniciativas educativas y culturales orientadas a acercar la historia de ambos lugares a nuevos públicos.
Yenny Páez Sabogal, gerente de la Catedral de Sal, señaló que este intercambio permitirá fortalecer la visibilidad internacional de Zipaquirá y mostrar parte de la cultura colombiana a los visitantes europeos.
Más allá del turismo, la alianza tiene un componente simbólico. Dos lugares separados por más de 9.000 kilómetros, construidos alrededor del mismo mineral, decidieron unir sus historias para crear un puente cultural entre América Latina y Europa.
La sal fue durante siglos una fuente de riqueza y desarrollo. Hoy, en Zipaquirá y Wieliczka, se ha convertido además en una herramienta para conectar culturas, atraer viajeros y mantener vivo un patrimonio que sigue sorprendiendo a quienes se atreven a descender bajo tierra.



