
Pequeños modelos de cerebro humano, cultivados en laboratorio, viajarán a la Estación Espacial Internacional para participar en un experimento científico que busca descubrir cómo afecta el ambiente espacial a las células cerebrales. La investigación forma parte de la misión de reabastecimiento SpaceX CRS-35 de la NASA.
Durante cinco semanas, los científicos estudiarán estos tejidos en condiciones espaciales y posteriormente los compararán con modelos idénticos que permanecerán en la Tierra. El objetivo es identificar posibles cambios celulares relacionados con la exposición al espacio y comprender mejor los riesgos que enfrentarían los astronautas durante misiones prolongadas.
La investigación, anunciada por la NASA el 12 de octubre de 2026, plantea una pregunta que todavía requiere respuestas científicas: ¿qué sucede con el cerebro humano cuando permanece fuera de la Tierra?
¿Cómo se cultiva un pequeño cerebro humano en un laboratorio?
Los modelos cerebrales tridimensionales son estructuras de tejido desarrolladas mediante técnicas de cultivo celular. Permiten estudiar determinados procesos biológicos del cerebro humano sin necesidad de experimentar directamente con personas.
Este tipo de estructuras, conocidas en algunas investigaciones como organoides cerebrales, pueden reproducir ciertas características celulares del tejido cerebral. Sin embargo, no equivalen a un cerebro humano completo, carecen de su organización y funciones integrales y no existe evidencia de que posean conciencia.
La NASA explica que el experimento utilizará pequeños modelos cultivados en laboratorio para observar cómo responden sus células al ambiente espacial.
Los investigadores mantendrán un grupo de muestras en la Tierra mientras otras permanecerán cinco semanas en la estación espacial. La comparación permitirá examinar diferencias entre ambos grupos y determinar si la exposición al vuelo espacial produce modificaciones celulares detectables.
Esta metodología también ayudará a estudiar cómo responde el tejido cerebral a condiciones de estrés. Los resultados podrían orientar futuras investigaciones destinadas a proteger la salud neurológica de quienes participen en viajes hacia la Luna y otros destinos.
Por ahora, la agencia no ha presentado resultados de este experimento. La misión permitirá recopilar los datos necesarios para evaluar sus efectos.
¿Por qué preocupa el cerebro de los astronautas?
Viajar al espacio expone al organismo humano a condiciones diferentes de las que experimenta en la Tierra. La microgravedad y otros factores propios del vuelo espacial pueden afectar distintos procesos fisiológicos.
Comprender la respuesta del cerebro resulta especialmente importante para las futuras misiones de larga duración, cuando los astronautas deberán permanecer lejos de la Tierra durante periodos prolongados.
La investigación cerebral no será la única que viajará a bordo de SpaceX CRS-35. La NASA también enviará experimentos para estudiar enfermedades que afectan los cultivos vegetales, evaluar herramientas de análisis médico y observar bacterias resistentes a los antibióticos.
Uno de los proyectos pondrá a prueba un dispositivo compacto capaz de detectar y medir biomarcadores, entre ellos anticuerpos, antígenos y proteínas. Esta tecnología podría facilitar diagnósticos y análisis de muestras sin esperar su regreso a laboratorios terrestres.
Otra investigación examinará cómo sobreviven y evolucionan determinadas bacterias resistentes a los antibióticos en condiciones de microgravedad.
Los resultados de estos trabajos podrían aportar conocimientos útiles tanto para la exploración espacial como para investigaciones médicas y agrícolas en la Tierra.
En el caso de los modelos cerebrales, los científicos deberán determinar primero qué cambios aparecen en las muestras y si pueden relacionarse con la exposición al espacio. Solo entonces podrán evaluar qué implicaciones tienen para la salud humana.
La NASA todavía no ha comunicado conclusiones sobre el comportamiento de estos tejidos en órbita.
Foto: De referencia generada con IA



