
Un terremoto de magnitud 7,4 no termina necesariamente cuando deja de sentirse el movimiento principal. Después de una ruptura de esta magnitud, la corteza terrestre puede continuar registrando sismos en la zona durante días, semanas, meses e incluso, en algunos casos estudiados, durante periodos mucho más prolongados.
Eso no significa que la Tierra esté produciendo una segunda ola de energía. Lo que ocurre es que el terremoto modifica las condiciones de esfuerzo dentro de la corteza y puede desencadenar nuevos movimientos en estructuras geológicas cercanas.
En el caso del terremoto ocurrido el 10 de agosto de 2026 en San José del Palmar, Chocó, el Servicio Geológico Colombiano (SGC) reportó una magnitud de 7,4 y una profundidad de 103 kilómetros. El organismo explicó que después del evento principal pueden presentarse réplicas durante días, semanas o meses.
¿Qué provoca una réplica?
Cuando ocurre un terremoto, una falla o una zona de la corteza se rompe y se desplaza de manera repentina. Ese movimiento cambia la distribución de los esfuerzos alrededor de la zona que se fracturó.
Algunas estructuras cercanas pueden quedar sometidas a mayores esfuerzos y alcanzar las condiciones necesarias para producir nuevos movimientos. Esos eventos posteriores son los que los especialistas denominan réplicas.
Los estudios de sismología llevan más de un siglo analizando este comportamiento. La denominada ley de Omori-Utsu describe cómo disminuye con el tiempo la frecuencia de las réplicas: son mucho más numerosas inmediatamente después del terremoto principal y posteriormente su cantidad tiende a reducirse.
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La característica importante es que la disminución no suele ser inmediata hasta llegar a cero. Los modelos y observaciones muestran una caída progresiva de la actividad, razón por la cual pueden seguir detectándose movimientos durante semanas o meses.
Una investigación publicada en Geophysical Journal International señala que la actividad sísmica posterior a grandes terremotos puede mantenerse elevada durante escalas de tiempo de meses e incluso años, aunque con una tasa que disminuye progresivamente.
Otro estudio sobre 326 secuencias sísmicas encontró que las réplicas son más abundantes poco después del terremoto principal, pero pueden continuar durante meses y años. La investigación comparó diferentes modelos matemáticos para describir esa disminución y encontró que los modelos basados en leyes de potencia, entre ellos Omori-Utsu, explican buena parte de las secuencias analizadas.
¿Significa que habrá otro terremoto fuerte?
No necesariamente.
La aparición de réplicas es compatible con el comportamiento esperado después de un terremoto grande, pero su presencia no permite afirmar que ocurrirá otro sismo de magnitud similar. La sismología puede calcular probabilidades y estudiar cómo evoluciona una secuencia, pero no puede determinar con exactitud el día, la hora y la magnitud de un próximo terremoto.
De hecho, el propio Servicio Geológico Colombiano aclara que sus modelos de amenaza sísmica son probabilísticos y no tienen capacidad predictiva para establecer cuándo ocurrirá un terremoto específico.
¿Por qué Colombia tiene tanta actividad sísmica?
La situación del Chocó también debe entenderse dentro de la compleja geología colombiana. El país se encuentra en una región donde interactúan las placas de Nazca, Sudamérica y Caribe, además de otros bloques tectónicos que participan en la deformación del noroccidente de Suramérica.
El SGC señala que su Red Sismológica Nacional registra alrededor de 80 sismos diarios en Colombia, aunque la gran mayoría no son percibidos por la población. La entidad cuenta con más de 100 estaciones para vigilar permanentemente esta actividad.
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Por eso, que continúen las réplicas después del terremoto de 7,4 no constituye por sí mismo una señal de que esté por ocurrir un nuevo gran terremoto. Lo que muestran los estudios es un proceso de reajuste de la corteza cuya actividad suele ser intensa al comienzo y disminuir progresivamente.
Para la población, la recomendación es seguir los reportes del Servicio Geológico Colombiano y de las autoridades de gestión del riesgo. En una secuencia sísmica, cada nuevo movimiento aporta información para que los especialistas puedan conocer mejor cómo está evolucionando la actividad en la zona afectada.
Foto: Cruz Roja Colombiana X




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