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La maternidad suele narrarse desde un ideal universal, pero pocas veces se mira desde realidades que rompen el molde. Eso es precisamente lo que propone “Sorda”, el primer largometraje de la directora española Eva Libertad, una historia íntima y profundamente humana que explora cómo viven el embarazo y la crianza las mujeres sordas. La cinta, protagonizada por Miriam Garlo, hermana de la directora y actriz sorda, nació de una pregunta tan simple como ignorada.
Una historia nacida de un miedo real
Antes del largometraje fue un cortometraje inspirado en un instante verdadero. Miriam Garlo, también sorda, compartió con su hermana los temores que la atravesaban cuando se planteó la posibilidad de ser madre soltera en un mundo mayoritariamente oyente. A partir de ese diálogo íntimo, Libertad descubrió que nunca se había detenido a pensar en la maternidad desde la sordera, a pesar de convivir toda su vida con ella.
Para construir el guion de la película, la directora inició una extensa fase de documentación entrevistando a múltiples madres sordas. Sus testimonios sobre el embarazo, el parto, la crianza, las dinámicas de pareja —ya fuera oyente o sorda— y los vínculos familiares, fueron la base del universo emocional y narrativo de Ángela, la protagonista.
Uno de los hallazgos más fuertes de Libertad fue confirmar que la conexión madre–bebé va mucho más allá del oído. Las madres sordas se comunican con sus hijos a través del tacto, la piel, la mirada, la gestualidad. Una forma de vínculo que, lejos de ser excepcional, conecta con miedos y presiones universales de la maternidad.e hecho, madres oyentes han escrito a la directora para contarle que se identifican con los temores de Ángela: el miedo a no saber cuidar, a no conectar, a fallar ante un ideal que ninguna madre puede cumplir.
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Uno de los aspectos más potentes de “Sorda” es su lenguaje visual. La directora y la directora de fotografía, Gina Ferrer, renunciaron a los primeros planos clásicos del cine para mantener siempre la lengua de señas dentro del cuadro. Esto convirtió toda la planificación en un desafío creativo: cómo sostener la expresividad sin recurrir a planos cerrados y cómo evitar que la película se volviera rígida.
La solución fue trabajar la estética desde la mirada de Ángela. La cámara se mueve a la altura de sus ojos y registra cómo ella percibe el mundo: desde la vista, lo táctil y lo sensorial. Esa elección acompaña el arco emocional del personaje, que pasa de estar en una burbuja amorosa a un progresivo aislamiento, hasta una parte final donde la cámara se vuelve completamente subjetiva.
El sonido como puente para el público oyente
En una película donde el silencio y la lengua de señas conviven, el diseño sonoro fue clave. “Sorda” está subtitulada en todas sus versiones, un gesto político y ético que permite que las salas se conviertan en un espacio compartido entre personas sordas y oyentes.
Además, el sonido acompaña el viaje interior de Ángela. Cuando la protagonista entra en crisis, la película invita al público oyente a sentir su desconexión y su confusión a través de una atmósfera sonora que cambia radicalmente. Para Libertad, era vital que los espectadores pudieran comprenderla incluso cuando parece perder la paciencia o la calma.
Libertad reconoce que vive un momento cinematográfico inspirador. El auge de directoras como Carla Simón o Pilar Palomero, que han llevado a la pantalla sus propias vivencias, le dio la legitimidad para contar la historia de su hermana y del vínculo entre los mundos oyente y sordo.
“Ahora tenemos referentes cercanos, mujeres de nuestra comunidad que cuentan historias personales”, dice la directora, quien celebra que cada vez haya más miradas femeninas construyendo relatos desde la autenticidad.



