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El ingeniero colombiano Andrés Santiago Martínez, reconocido por el Massachusetts Institute of Technology (MIT) como uno de los siete innovadores menores de 35 años que están cambiando el mundo, desarrolló un dispositivo que está transformando la vida de personas con Parkinson y temblor esencial: un guante capaz de reducir los temblores en menos de cinco minutos gracias a una combinación de compresión y microvibraciones.
La idea nació de su propia experiencia. Andrés desarrolló temblor esencial a los 22 años, una condición que suele asociarse a personas mayores, pero que también aparece por genética. En su caso, la herencia paterna fue determinante. “A los jóvenes nos tiemblan las manos y pensamos que es normal. Pero esta condición la tiene el 5% de la población mundial, unas 400 millones de personas”, explica.
Un «noise cancelling» aplicado al cuerpo
El dispositivo funciona con un principio similar al de los audífonos con cancelación de ruido. Andrés describe el guante como un sistema que, mediante compresiones controladas y microvibraciones, neutraliza el movimiento involuntario.
El usuario se coloca primero un guante común y corriente y, encima, un pequeño módulo electrónico con motores y sensores. Se puede usar por periodos cortos o durante las horas del día en que los temblores son más intensos, especialmente ante frío, estrés o nerviosismo.
El proceso es casi inmediato. “Es mágico. Los pacientes abren los ojos como platos. Han vivido toda la vida con temblores y, de un momento a otro, dejan de sentirlos”, relata el joven innovador, quien visita con frecuencia a usuarios para presenciar esa reacción.
Un desarrollo que busca ser accesible
Aunque crear el guante ha requerido inversión en electrónica, motores y pruebas clínicas, Martínez asegura que el equipo ha logrado reducir costos de fabricación y trabaja con programas de innovación social para que el dispositivo llegue a un mayor número de pacientes.
La meta es que el guante sea cubierto por aseguradoras, de modo que los usuarios solo paguen un copago. “Nuestro propósito siempre será el impacto social: llevarle esa sonrisa a tantas personas como sea posible”, dice. Su alianza con Social Skin – Grupo Bolívar está orientada justamente a que el dispositivo pueda incluirse en modelos de salud con enfoque preventivo.
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Martínez también está abierto a alianzas con empresas o aseguradoras en cualquier país interesadas en llevar el guante a escala industrial.
El guante está diseñado para personas con temblor esencial, una condición más común de lo que se cree, pacientes con temblores derivados de la enfermedad de Parkinson y jóvenes o adultos que experimentan temblores que dificultan tareas cotidianas como comer, manejar, escribir o usar herramientas.
El rango de intensidad del temblor es amplio: desde leves sacudidas hasta movimientos tan fuertes que impiden realizar actividades básicas. Por eso el guante se ha convertido en una herramienta que devuelve autonomía y reduce la frustración.
Lo que significa el reconocimiento del MIT
Ser destacado por el MIT como uno de los innovadores menores de 35 años le ha abierto nuevas puertas. Para Andrés, el premio representa una plataforma internacional para conectar con otros investigadores latinoamericanos, acceder a asesoría tecnológica y validar su invención en entornos académicos donde se desarrollan dispositivos de alto impacto médico.
“Es una oportunidad enorme para expandirnos y trabajar con gente brillante que tiene ideas igual o más locas que las de uno”, dice.
El futuro del guante colombiano contra los temblores
El objetivo a mediano plazo es lograr producción en serie, certificaciones internacionales y distribución a gran escala. La necesidad es evidente: cerca de 400 millones de personas en el mundo podrían beneficiarse. Y el desarrollo colombiano se presenta como una alternativa más accesible que muchas tecnologías actuales usadas para mitigar temblores.
Mientras avanza ese proceso, Andrés continúa perfeccionando su prototipo y haciendo pruebas con pacientes. Lo mueve su propia experiencia, y el impacto directo que ve cada vez que una persona deja de temblar después de años de vivir con la condición.



