
Un satélite no puede ser simplemente lanzado al espacio y soltado. Para que funcione, debe alcanzar una velocidad, una trayectoria y una órbita determinadas. Esa es una de las tareas más complejas de una misión como la que SpaceX prepara con Starship.
En su Flight 14, SpaceX plantea utilizar Starship para desplegar por primera vez satélites Starlink V3 directamente en una misión orbital. La compañía tiene previsto llevar 26 unidades y colocar el vehículo en una órbita de aproximadamente 275 kilómetros de altura antes de realizar el despliegue.
Pero ¿cómo puede un cohete transportar varios satélites y después colocarlos en el lugar adecuado?
Los satélites viajan dentro de Starship
Los satélites no están pegados al exterior del cohete. Permanecen dentro de la sección destinada a transportar la carga útil, protegidos durante el lanzamiento.
SpaceX explica en su guía de usuarios que Starship dispone de un gran volumen de carga y que su sistema está diseñado para transportar incluso múltiples satélites en una misma misión. La zona de carga está protegida por una estructura que permanece cerrada durante el ascenso.
La protección es necesaria porque durante los primeros minutos del vuelo el vehículo atraviesa la atmósfera a velocidades extremadamente altas, mientras soporta vibraciones, aceleraciones y cambios de presión.
Por eso, antes del lanzamiento, los satélites son instalados en una estructura de soporte dentro de Starship.
El cohete no solamente tiene que subir
Aquí está uno de los conceptos más importantes para entender un lanzamiento espacial.
Llegar al espacio no significa simplemente subir lo suficiente.
Para permanecer en órbita, el vehículo necesita alcanzar una velocidad horizontal enorme. De esta manera, mientras la gravedad intenta atraerlo hacia la Tierra, el vehículo continúa avanzando alrededor del planeta.
Por eso Starship tiene que controlar constantemente su velocidad, dirección y trayectoria.
En el Flight 14, SpaceX señala que Starship realizará por primera vez una maniobra de inserción orbital. La compañía planea que el vehículo alcance una órbita de aproximadamente 275 kilómetros y complete alrededor de seis vueltas a la Tierra durante una misión cercana a las 10 horas.
¿Cómo sabe Starship dónde soltar los satélites?
El punto de liberación no se escoge visualmente.
La trayectoria está calculada antes del lanzamiento y el vehículo utiliza sistemas de navegación, control y propulsión para mantenerse dentro de ella.
Durante el vuelo, las computadoras del vehículo reciben información sobre su posición y movimiento y utilizan esos datos para controlar los motores y las superficies aerodinámicas.
El objetivo es llegar al momento del despliegue con la velocidad y trayectoria previstas.
Esto es fundamental porque un satélite liberado unos kilómetros antes, después o con una velocidad diferente puede terminar en una órbita distinta.
Entonces llega el momento de abrir la nave
Cuando Starship alcanza la posición prevista para desplegar la carga, comienza una secuencia completamente diferente a la del lanzamiento.
La guía oficial de Starship describe un sistema en el que se abre la puerta de la zona de carga y el conjunto que sostiene la carga puede inclinarse para preparar la separación.
Después, un mecanismo específico para cada misión libera el satélite.
Si hay varios satélites, el sistema puede incorporar un mecanismo giratorio para proporcionar espacio suficiente entre ellos durante la separación.
La secuencia puede resumirse así:
Starship llega a la trayectoria prevista
↓
Abre la puerta de la zona de carga
↓
El sistema posiciona la carga
↓
Se libera el satélite
↓
El satélite se aleja del vehículo
↓
Starship continúa con el resto de la misión
No se trata de abrir una puerta y dejar que los satélites caigan. La separación está diseñada para que cada unidad tenga suficiente espacio y pueda continuar su propia trayectoria.
¿Qué ocurre con el satélite después?
El trabajo del cohete no termina necesariamente cuando libera la carga.
El satélite comienza entonces a operar de manera independiente.
Cuenta con sus propios sistemas de energía, comunicaciones, navegación y propulsión. Estos sistemas permiten realizar ajustes posteriores de trayectoria y preparar al satélite para entrar en la configuración operacional de la constelación.
Esto permite que el cohete entregue los satélites en una trayectoria previamente calculada y que los propios vehículos espaciales realicen las correcciones necesarias después de la separación.
SpaceX ya probó el despliegue de Starlink desde Starship
Este procedimiento no es solamente una idea sobre el papel.
En el Flight 13, realizado en julio de 2026, SpaceX informó que Starship alcanzó la velocidad y trayectoria previstas y desplegó 20 satélites Starlink V3.
La compañía indicó además que pudo comunicarse con los 20 satélites mediante enlaces de radiofrecuencia y láser y recibir datos de telemetría de ellos.
Ese vuelo fue una prueba importante para el sistema de despliegue, aunque los satélites fueron colocados en una trayectoria suborbital y posteriormente reingresaron a la atmósfera.
El siguiente paso planteado por SpaceX es mucho más ambicioso: utilizar una misión orbital para llevar los satélites a una órbita alrededor de la Tierra.
El reto no termina cuando los satélites salen de Starship
La dificultad de una misión de este tipo está en coordinar numerosos sistemas al mismo tiempo.
Starship tiene que despegar, separar el Super Heavy, continuar su ascenso, alcanzar la trayectoria prevista, realizar la inserción orbital, abrir su zona de carga, desplegar los satélites y posteriormente ejecutar las maniobras necesarias para terminar su propia misión.
En el Flight 14, SpaceX también plantea realizar una maniobra de desorbitación con un solo motor Raptor y posteriormente controlar la reentrada de Starship antes de intentar un amerizaje en el Pacífico, al oeste de Chile.
Es decir, el mismo vehículo que transporta los satélites debe convertirse después en una nave capaz de modificar su trayectoria y regresar.
De Falcon 9 a Starship
SpaceX ya tiene experiencia colocando satélites Starlink en órbita utilizando Falcon 9.
Lo que cambia con Starship es la escala del sistema.
En documentación corporativa publicada en 2026, SpaceX señala que Starship podría llegar a desplegar hasta 60 satélites Starlink V3 por lanzamiento, frente a una capacidad mucho menor del Falcon 9.
La razón es el enorme volumen de carga disponible dentro de Starship.
Esto permitiría transportar más satélites en cada misión y acelerar el despliegue de la constelación.
El verdadero desafío: precisión
Cuando se observa un lanzamiento desde Tierra, parece que el cohete simplemente sube hasta desaparecer.
En realidad, durante esos minutos está ejecutando una secuencia extremadamente precisa.
No basta con llegar al espacio.
Tiene que llegar al lugar correcto, a la velocidad correcta y en el momento correcto.
Solo entonces puede comenzar la segunda parte de la misión: abrir la zona de carga, separar los satélites y permitir que cada uno continúe su recorrido.
Por eso, detrás de una imagen aparentemente sencilla —un cohete abriendo una puerta y liberando satélites— existe una cadena de cálculos de trayectoria, sistemas de navegación, motores, mecanismos de separación y controles autónomos que deben funcionar coordinadamente.
Y ese es precisamente uno de los objetivos que SpaceX busca demostrar con las nuevas misiones orbitales de Starship.



