
Hablar con un astronauta que flota a más de 400 kilómetros sobre la Tierra ya no es ciencia ficción. Para miles de estudiantes en América Latina, el Caribe y otras regiones del mundo, esa experiencia ha sido posible gracias a un sistema que combina tecnología, radioafición y cooperación internacional. La Estación Espacial Internacional, el laboratorio orbital más grande construido por la humanidad, se ha convertido también en un aula en movimiento.
El contacto ocurre a través del programa ARISS, sigla en inglés de Radioaficionados en la Estación Espacial Internacional. Esta iniciativa permite que estudiantes formulen preguntas en tiempo real a astronautas en órbita, usando enlaces de radio que solo están disponibles durante breves ventanas de tiempo, cuando la estación sobrevuela una región específica del planeta.
Un astronauta en el aula
Cada contacto es el resultado de meses de preparación. Las escuelas participantes trabajan con mentores y radioaficionados para seleccionar preguntas, ensayarlas en inglés y ajustarlas al estricto tiempo disponible, que suele ser de unos diez minutos. Cuando llega el momento, un radioaficionado actúa como moderador y da la señal para iniciar la conversación.
Así ocurrió durante un evento en el que estudiantes de ocho centros educativos del Caribe y Centroamérica pudieron hablar con el astronauta de la NASA Josh Cassada. Desde la microgravedad, Cassada respondió inquietudes sobre la Estación Espacial Internacional, la vida diaria en órbita y, especialmente, sobre cómo desde el espacio se estudian fenómenos como huracanes, erupciones volcánicas, tsunamis y la erosión costera.
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Ver la Tierra desde esa perspectiva transforma la forma de entender el cambio climático. Para docentes y alumnos, escuchar a un astronauta describir lo que observa desde el espacio hace que los problemas ambientales se vuelvan más cercanos y reales.
La ciencia viaja por radio
ARISS no es solo una experiencia inspiradora; también es una herramienta educativa. Los estudiantes aprenden principios básicos de comunicación por radio, tecnología espacial y trabajo en equipo. Desde su creación en el año 2000, el programa ha conectado a más de 250.000 participantes con astronautas de distintas agencias espaciales, en más de una docena de idiomas, incluido el español.
Durante esos minutos de contacto, el astronauta se convierte en profesor. Habla de investigación científica, de cómo funciona un laboratorio en microgravedad y de por qué la órbita terrestre baja es clave para el desarrollo de nuevas tecnologías que luego se aplican en la Tierra.
Un telepuente desde Argentina
Detrás de cada llamada hay una red silenciosa de voluntarios. Radioaficionados de todo el mundo hacen posible el enlace entre la estación espacial y las escuelas. En Sudamérica, uno de ellos es el argentino Luis Funes, docente jubilado y operador de una estación de telepuente que conecta por radio con la estación y por teléfono con los centros educativos.
Funes ha participado en más de una decena de contactos, incluido uno histórico con estudiantes de la Antártida. Cada experiencia, asegura, se vive con la misma emoción. Para él, el verdadero valor está en el efecto multiplicador: lo que empieza con una pregunta de un estudiante termina despertando curiosidad científica en familias enteras.
Hablar con un astronauta en el espacio dura apenas unos minutos. El recuerdo, en cambio, acompaña a los estudiantes toda la vida.



