
Una nueva controversia médica y legal estaría en los estrados del país tras conocerse el caso de Laura, una niña que al tener 15 años, inició un proceso de cambio de sexo en la Clínica Valle del Lili, en Cali. Años después, mayor de edad y arrepentida, advierte sobre los riesgos de las decisiones médicas apresuradas y su familia recurre a la justicia. Esta es la historia.
El inicio: un trauma infantil y una búsqueda de ayuda
Laura tenía 15 años cuando fue llevada por sus padres a buscar apoyo psicológico. Había revelado que fue víctima de abuso sexual entre los 6 y 8 años, un episodio que había mantenido en silencio.
Según el abogado de la familia, Pedro Daniel Contreras, ese hecho fue determinante en su relación con su cuerpo y su identidad.
“Ella entró a la adolescencia con miedo a convertirse en mujer. Sufría ansiedad, depresión y episodios de autolesión”, explicó el jurista en entrevista con BluRadio.
Los padres, buscando ayuda, acudieron a profesionales que los remitieron a un grupo médico en Valle del Lili, donde se gestaba una unidad de atención de género para niños y adolescentes. Sin embargo, el abogado afirma que el equipo no estaba capacitado ni autorizado para realizar procesos de transición en menores.
Un diagnóstico rápido y un tratamiento cuestionado
Contreras asegura que, en la primera consulta, Laura fue diagnosticada con disforia de género, sin un proceso de evaluación prolongado. Poco después, la adolescente recibió tratamiento hormonal con testosterona.
“Le dieron testosterona antes de la edad recomendada por los protocolos médicos. No trataron su depresión ni su trauma, solo iniciaron una transición apresurada”, dijo el abogado.
Según la versión de la familia, no existió un consentimiento informado. Los padres pidieron en varias ocasiones copia del documento, pero nunca lo recibieron.
“Nunca firmamos nada. Nos dijeron que si la sacábamos del tratamiento, podía suicidarse”, habría dicho el padre, citado por Contreras.
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La cirugía y el arrepentimiento
Con 18 años recién cumplidos, Laura se sometió a una cirugía de masculinización pectoral, ordenada —según el abogado— por médicos de la misma clínica, aunque practicada en otro lugar.
Poco después, comenzó a arrepentirse. En medio de la pandemia, confesó que “siempre había sido Laura” y decidió retomar su identidad femenina.
Intervenciones físicas irreversibles
El abogado asegura que además de la cirugía en los senos, se realizaron procedimientos en la zona del cuello para modificar el aspecto de la llamada “manzana de Adán”, una intervención que dejó secuelas visibles.
“Le aplanaron el cuello y alteraron su voz con tratamientos hormonales. Son efectos imposibles de revertir completamente”, afirmó Contreras.
Estos cambios, añade, se suman al impacto emocional y corporal que sufre Laura, quien ahora enfrenta un largo proceso de recuperación estética y psicológica.
La clínica y la falta de consentimiento
Hasta ahora, la Clínica Valle del Lili no ha emitido declaraciones detalladas sobre el caso, aunque en comunicados previos ha defendido que todos sus procedimientos se realizan bajo consentimiento informado.
Contreras, sin embargo, sostiene que en este caso “ese documento nunca existió” y que hubo una cadena de errores médicos y éticos.
“Ni siquiera se había aprobado la unidad de género cuando la intervinieron. La clínica buscaba mostrar resultados y usó a Laura como un caso de éxito”, denunció.
Lo irreversible y las dudas médicas
El abogado indica que los tratamientos hormonales aplicados a temprana edad pueden tener efectos que aún no se comprenden del todo.
Una perito ginecóloga, citada en el proceso, advirtió sobre riesgos a largo plazo como infertilidad, alteraciones metabólicas y posibles enfermedades cardiovasculares.
“Todavía no conocemos todos los daños que estos tratamientos pueden causar en el cuerpo de quienes los reciben siendo adolescentes”, señaló.
Debate legal y ético en Colombia
El caso ha abierto un debate sobre la edad mínima y el consentimiento en procedimientos de cambio de sexo en menores en Colombia. En el país, la mayoría de edad médica se alcanza a los 18 años, aunque existen excepciones bajo supervisión judicial.
Contreras sostiene que la decisión nunca debió tomarse a los 15 años:
“Un menor no puede votar, no puede tomar licor ni firmar contratos. Mucho menos puede someterse a una cirugía irreversible sin consentimiento informado”, dijo.
“No quiero que le pase a más menores”
Hoy, Laura busca que se reconozca la responsabilidad médica y que se revisen los protocolos de atención en menores.
“Ella no busca venganza. Quiere evitar que lo que le pasó vuelva a ocurrir”, concluyó su abogado.
El caso está en manos de la justicia colombiana y reabre una discusión que trasciende lo médico: hasta qué punto puede un menor decidir sobre su identidad de género y cuáles son los límites éticos del sistema de salud.



