
Hace 30 años, Colombia dio un paso histórico en la conservación marina al declarar la isla de Malpelo como Santuario de Fauna y Flora. Ese hito, logrado gracias al impulso y la tenacidad de la bióloga y buzo exploradora Sandra Bessudo, marcó el inicio de una nueva era para la protección de los ecosistemas oceánicos del Pacífico colombiano.
Tres décadas después, este enclave natural no solo es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, sino también hogar de una de las especies de tiburón más singulares del planeta: el Odontobasis ferox, conocido como el monstruo de Malpelo.
Bessudo recuerda que su relación con la isla comenzó en 1987, cuando participó en una de las primeras expediciones científicas al territorio, ubicado a más de 500 kilómetros del continente. “Me enamoré de ese lugar desde el primer momento. Pero también vi con tristeza cómo los barcos pesqueros arrasaban con todo a su paso. Decidí que había que hacer algo”, relató en entrevista con Caracol Radio.
Leer más: ¿Por qué todos hablan del cometa 3I/ATLAS? El visitante interestelar que está sorprendiendo a la NASA
Esa convicción la llevó a recolectar firmas y presentarlas personalmente al entonces presidente César Gaviria, quien en 1995 oficializó la creación del Santuario de Fauna y Flora Malpelo. Desde entonces, el trabajo de conservación ha sido constante: control de la pesca ilegal, articulación con la Armada Nacional, fortalecimiento de la investigación científica y promoción del buceo responsable.
La Fundación Malpelo y Otros Ecosistemas Marinos, creada por Bessudo en 1999, ha liderado más de 50 expediciones científicas en la zona. Gracias a estos estudios, se han identificado especies endémicas, es decir, organismos que solo existen en este punto del planeta. Entre ellas, el tiburón Odontobasis ferox, un imponente ejemplar de las profundidades que Bessudo logró fotografiar vivo por primera vez.
“Lo llamaron el monstruo de Malpelo, pero no tiene nada de monstruoso. Es un tiburón bellísimo, de gran tamaño, con dientes visibles y una elegancia natural. Poder registrarlo vivo fue un privilegio”, aseguró.
Este hallazgo consolidó a Malpelo como un santuario biológico único: allí conviven tiburones martillo, tiburones ballena, mantarrayas, delfines y cachalotes, además de 17 especies de mamíferos marinos y una gran variedad de peces y corales que forman parte de un ecosistema interconectado y frágil.
Leer más: Escuchar música con frecuencia podría reducir el riesgo de demencia hasta en un 39 %, según un estudio
El reconocimiento internacional no se hizo esperar. En 2006, la UNESCO declaró a Malpelo Patrimonio Natural de la Humanidad, y años más tarde la zona fue catalogada como Refugio Oceánico Global y Área Marina de Importancia Ecológica o Biológica.
“Cada especie cumple una función vital. Si una desaparece, se rompe el equilibrio de todo el océano”, explicó Bessudo. Según la científica, las regulaciones actuales permiten solo un barco con máximo 20 buzos en cada visita, lo que mantiene bajo control la capacidad de carga y minimiza el impacto humano.
Hoy, unos 500 buzos al año, nacionales e internacionales, visitan Malpelo para observar tiburones en su entorno natural. El santuario es considerado uno de los diez mejores lugares del mundo para el buceo con tiburones y ejemplo de manejo responsable de áreas marinas protegidas.
A pesar de los avances, persisten amenazas como la pesca incidental, que afecta a especies migratorias como el tiburón martillo. Por eso, la labor de la fundación continúa enfocada en promover nuevas artes de pesca sostenibles y fortalecer la cooperación regional entre Colombia, Ecuador, Costa Rica y Panamá.
Treinta años después, Malpelo sigue siendo un símbolo del poder de la ciencia, la perseverancia y el amor por el mar. En palabras de Bessudo, “es un mundo maravilloso donde todo está conectado. Ver a los tiburones acercarse a los arrecifes para limpiarse los parásitos es una lección de equilibrio natural. Cuidar este lugar es cuidar nuestra propia vida en el planeta”.



