
Un equipo de investigadores presentó una nueva investigación que podría cambiar la forma en que se detecta el moho en espacios cerrados. Se trata de una nariz electrónica diseñada para identificar de manera rápida y confiable la presencia de moho en interiores, un problema común en viviendas, oficinas y edificios con humedad.
El moho no solo afecta la calidad del aire, también puede generar problemas de salud y altos costos de reparación si no se detecta a tiempo. Hoy en día, los métodos tradicionales para identificarlo suelen ser lentos, costosos y dependen de análisis de laboratorio que pueden tardar varios días. Por eso, encontrar una alternativa más ágil es clave.
La investigación se enfocó en dos tipos de moho muy comunes en interiores dañados por la humedad: Stachybotrys chartarum y Chaetomium globosum. Ambos suelen crecer en materiales de construcción como yeso, papel tapiz o madera, especialmente cuando hay filtraciones de agua o mala ventilación.
Leer más: Talio, industria y control sanitario: entrevista con José Julián López, experto en toxicología y sustancias químicas
La nariz electrónica desarrollada en este estudio funciona de forma similar al olfato humano, pero utilizando sensores tecnológicos. En lugar de “oler” directamente, el dispositivo detecta los compuestos orgánicos volátiles (VOC) que el moho libera al crecer. Cada especie produce una combinación particular de estos compuestos, lo que permite diferenciarlas.
El sistema utiliza sensores hechos con nanocables de dióxido de estaño activados con luz ultravioleta. Estos sensores reaccionan cuando entran en contacto con los gases emitidos por el moho, generando señales eléctricas. Luego, esas señales son analizadas mediante algoritmos matemáticos que permiten identificar de qué tipo de moho se trata.
Uno de los puntos más relevantes del estudio es el uso de técnicas de análisis llamadas análisis discriminante lineal (LDA), mejoradas con distintos enfoques. En sus versiones más avanzadas, el sistema logró una precisión muy alta, con resultados cercanos al 98 %, lo que demuestra que no solo detecta moho, sino que también puede identificar su género de forma confiable.
Leer más: App colombiana usa IA clínica para “traducir” el dolor en recién nacidos hospitalizados
Los investigadores probaron el dispositivo en diferentes sustratos para simular condiciones reales, como yeso y materiales con base de trigo. Esto es importante porque el tipo de superficie puede influir en los olores que produce el moho. Aun así, la nariz electrónica logró mantener un buen desempeño, especialmente cuando el modelo se ajustaba al tipo de material analizado.
Otro avance clave es la capacidad del sistema para detectar “novedades”. Esto significa que, si aparece un olor que no corresponde a los patrones conocidos, el dispositivo puede marcarlo como algo desconocido en lugar de clasificarlo erróneamente. Esta función es fundamental para aplicaciones reales, donde no todos los escenarios están previstos.
En conclusión, esta investigación muestra que las narices electrónicas tienen un gran potencial para el monitoreo rápido, objetivo y más económico de la calidad del aire en interiores. En el futuro, esta tecnología podría utilizarse como una herramienta preventiva en hogares, edificios públicos y espacios de trabajo, ayudando a detectar problemas de humedad y moho antes de que se conviertan en un riesgo serio para la salud y la infraestructura.



