
Los combustibles fósiles siguen dominando la matriz energética global, pero también alimentan la contaminación del planeta.
Las concentraciones de dióxido de carbono llegaron a 422,5 partículas por millón, una marca histórica que acelera la búsqueda de alternativas limpias.
En esa carrera aparece un hallazgo colombiano que sorprende por su sencillez y su potencial: los residuos de plátano fermentado podrían ser una fuente eficiente de biohidrógeno.
Este combustible renovable se perfila como uno de los sustitutos más prometedores del petróleo.
El biohidrógeno se produce a partir de materiales orgánicos mediante procesos naturales como la fermentación.
Es renovable, económico y útil para movilidad sostenible o generación de electricidad limpia. Colombia tiene terreno fértil para este desarrollo.
La Asociación de Hidrógeno y el Consejo Mundial de Energía estiman que el país puede producir 416 toneladas de hidrógeno renovable al año.
El plátano es clave en esta ecuación: con 492.000 hectáreas sembradas y 4,9 millones de toneladas anuales, es uno de los cultivos más importantes del país.
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Pero sus residuos suelen desecharse, desaprovechando un recurso con potencial energético.
En este contexto, la investigadora Jenny Paola Díaz, magíster en Ciencia y Tecnología de Alimentos de la UNAL, demostró que la pulpa y la cáscara del plátano pueden producir hidrógeno.
Su estudio plantea una ruta pionera para la energía renovable en Colombia.
La técnica utilizada fue la fermentación oscura, un proceso biológico en ausencia de luz donde microorganismos descomponen los azúcares del plátano.
Durante la reacción liberan ácidos como el acético y el butírico, y también hidrógeno.
Para mejorar el rendimiento se aplicaron pretratamientos que degradan sustancias como la lignina.
Sin embargo, los resultados mostraron que los residuos de Arauca pueden producir hidrógeno incluso sin esta etapa adicional.
El proceso se desarrolló en biorreactores de 20 litros con tres kilos de plátano y nueve litros de agua.
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La mezcla fermentó durante 72 horas en condiciones sin oxígeno, sin luz y sin agitación.
Luego se ajustaron pH, temperatura y agitación durante cuatro días más para activar la etapa de producción.
El gas obtenido llegó a contener 41,9 % de hidrógeno, una cifra destacada para esta tecnología.
El rendimiento final fue de 1,16 moles, confirmando que el proceso es eficiente y aplicable.
La prueba definitiva se vio al final: el gas produjo una llama azul, evidencia de su capacidad para liberar energía de inmediato.
Aunque puede purificarse para obtener hidrógeno de mayor pureza, la mezcla inicial ya es combustible.
Esto abre la posibilidad de usar el biohidrógeno directamente en zonas rurales para generar electricidad o calor.
La fermentación oscura destaca por su viabilidad económica.
Aprovecha residuos agroindustriales y requiere equipos más accesibles que la electrólisis tradicional.
En regiones como Arauca, donde la acumulación de residuos plataneros es un problema ambiental, esta solución cobra mayor relevancia.
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Transformaría desechos en energía y reduciría riesgos para la salud pública.
Además, podría integrarse a sistemas locales de energía, especialmente en áreas no interconectadas.
El biohidrógeno permitiría autonomía energética y fomentaría la economía circular en comunidades rurales.
Así, el plátano colombiano deja de ser solo un alimento esencial y se convierte en una fuente emergente de energía limpia.
Un descubrimiento que impulsa la sostenibilidad y redefine el futuro energético del país.
Foto: anamejia18



