
501 días. Ese es el tiempo que lleva una ley aprobada esperando a que realmente cambie lo que pasa en tu cuenta bancaria. Mientras tanto, el 4×1000 sigue apareciendo en cada movimiento como si nada hubiera pasado.
La promesa consistía en que mover tu propio dinero entre cuentas no tuviera costo, siempre que no superaras un límite mensual. La norma existe desde 2022 y debía aplicarse plenamente en diciembre de 2024. Hoy, en la práctica, todavía no ocurre.
Una regla que cambió en el papel pero no en tu cuenta
La Ley 2277 de 2022 modificó una lógica que durante años obligó a elegir una sola cuenta exenta. Todo lo demás pagaba, incluso si el dinero era tuyo y solo lo estabas moviendo.
Con el cambio, la exención debería aplicarse a todas tus cuentas, sin importar la entidad, siempre que no superes un tope cercano a 18 millones de pesos al mes.
Eso abre una posibilidad distinta. Organizar el dinero sin castigos automáticos. Transferir entre cuentas sin calcular cuál conviene usar. En otras palabras, usar el sistema financiero con más libertad.
Pero ese beneficio sigue siendo más promesa que realidad.
El sistema aún no logra hablar el mismo idioma
Para aplicar la ley, cada entidad necesita saber cuánto dinero estás moviendo en las demás. Y hacerlo casi en tiempo real. Ahí está el punto donde todo se complica.
Hoy esa conexión no está completamente lista. Los bancos no siempre comparten la información con la velocidad y precisión necesarias. Ante la duda, el sistema sigue cobrando el impuesto.
Instituciones como la DIAN, el Ministerio de Hacienda y varias entidades privadas deben coordinarse para que ese intercambio funcione sin fricciones. Algunas compañías como Nu Colombia aseguran estar preparadas, pero el resultado depende de todos.
El impacto es más cotidiano de lo que parece. Cuatro pesos por cada mil pueden parecer poco, pero cuando se suman en cada pago, retiro o transferencia, se convierten en un gasto constante.
Cuando el sistema funcione como debería, ese costo dejará de ser parte de la rutina para muchos usuarios. Y eso cambia la forma de manejar el dinero.
Ya no habrá que pensar en qué cuenta usar para evitar cobros. Tampoco diseñar estrategias para esquivar un impuesto que no debería aplicarse en esos casos.
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La diferencia es similar a pasar de pagar peaje en cada movimiento a circular libremente dentro de tu propio dinero.
Lo que está en juego no es solo un ajuste técnico. Es si el sistema financiero logra adaptarse a la forma en que hoy las personas manejan sus recursos, distribuidos en múltiples plataformas.
La ley ya trazó ese camino. Falta que la tecnología y la coordinación institucional dejen de ir atrás. Cuando eso ocurra, el cambio no hará ruido, pero se va a notar en algo simple y directo, lo que queda disponible después de cada movimiento.



