
En plena cumbre de la APEC en Gyeongju, Corea del Sur, la compañía surcoreana presentó, solo ante su mercado local, el prototipo de su nuevo dispositivo plegable, el Samsung Flex G, un teléfono de tres pliegues que podría marcar un antes y un después en la historia de los smartphones.
A diferencia de los modelos anteriores de la serie Galaxy Fold y Flip, este nuevo formato no busca solo doblarse: se transforma. La pantalla se pliega hacia adentro dos veces, en forma de “G”, lo que permite pasar de un teléfono compacto a una pantalla de 10 pulgadas, similar al tamaño de una tableta. Con la pantalla cubierta de 6,5 pulgadas, el usuario puede manejarlo como un teléfono tradicional, pero al desplegarlo por completo, la experiencia cambia por completo.
Un salto en diseño y potencia
Según filtraciones de la industria, el Flex G incorporará el chip Snapdragon 8 Elite de Qualcomm, un procesador diseñado para cargas de trabajo intensivas y rendimiento gráfico superior. También se espera que integre una cámara principal de 200 megapíxeles con zoom de 100x, un salto que refuerza la apuesta de Samsung por liderar la fotografía móvil.
Otro aspecto clave será su software adaptativo, desarrollado para aprovechar la triple pantalla. La función multiventana permitirá ejecutar hasta tres aplicaciones de manera simultánea, abriendo nuevas posibilidades para la productividad y el entretenimiento.
Pero más allá de las especificaciones, lo que hace relevante este lanzamiento es su significado estratégico. Con la competencia cada vez más feroz, especialmente de Huawei, que ya domina casi la mitad del mercado plegable mundial, Samsung busca recuperar su posición de liderazgo a través de un producto que combine innovación, exclusividad y una visión de futuro más ambiciosa.
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Por ahora, Samsung ha decidido mantener el lanzamiento limitado exclusivamente a Corea del Sur, una decisión que responde tanto a motivos técnicos como estratégicos. Corea ha sido históricamente el laboratorio natural de la marca: allí prueba sus desarrollos más arriesgados antes de llevarlos al resto del mundo.
El Flex G no será la excepción. Su primera producción será reducida, entre 50.000 y 200.000 unidades, enfocada en usuarios premium y entusiastas de la tecnología. Esto no busca generar un impacto financiero inmediato, sino reforzar la percepción de liderazgo tecnológico de Samsung.
Más que un celular, una declaración de poder tecnológico
El nuevo plegable llega en un momento en el que los rumores sobre el posible iPhone plegable y el impulso de Huawei con su Mate XT han transformado el mercado. Es así como, el Flex G es una declaración de intenciones: Samsung no quiere solo competir, quiere volver a marcar el camino.
Su apuesta combina diseño, ingeniería y ambición. Si logra superar los desafíos de durabilidad y precio —que podría rondar los 2.800 dólares—, el teléfono de tres pliegues podría convertirse en el emblema de una nueva categoría híbrida entre smartphone, tablet y portátil.
Por ahora, Corea tiene la exclusiva. Pero lo visto en Gyeongju deja claro que Samsung no solo busca un nuevo teléfono: busca reinventar el concepto mismo de dispositivo móvil.




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