Al final del periodo, quienes consumieron mango mostraron niveles más bajos de glucosa en ayunas y una mejor sensibilidad a la insulina, es decir, su cuerpo utilizó mejor el azúcar disponible en la sangre.
Un estudio científico reciente pone al mango en el centro de la conversación sobre la prevención de la diabetes. Investigadores de varias universidades de Estados Unidos analizaron qué ocurre cuando personas con prediabetes consumen mango fresco todos los días durante seis meses. Los resultados sugieren que este hábito sencillo podría ayudar a mejorar el control del azúcar en la sangre y la composición corporal, dos factores clave para evitar que la enfermedad avance.
La investigación fue publicada en la revista científica Foods y se realizó bajo un ensayo controlado y aleatorizado, uno de los métodos más rigurosos en nutrición. El objetivo fue claro: comprobar si un alimento natural y accesible como el mango puede marcar una diferencia real en la salud metabólica.
¿Qué descubrieron los científicos?
El estudio incluyó a adultos entre 50 y 70 años con diagnóstico de prediabetes. A un grupo se le pidió consumir diariamente unos 300 gramos de mango fresco, mientras que el grupo de control recibió una barra de granola con la misma cantidad de calorías. Ambos grupos mantuvieron su dieta y actividad física habitual durante 24 semanas.
Al final del periodo, quienes consumieron mango mostraron niveles más bajos de glucosa en ayunas y una mejor sensibilidad a la insulina, es decir, su cuerpo utilizó mejor el azúcar disponible en la sangre. En contraste, el grupo que consumió la barra de granola presentó un aumento en algunos indicadores de riesgo.
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Otro hallazgo relevante fue la estabilidad de la hemoglobina A1c —un marcador que refleja el promedio del azúcar en sangre a largo plazo— en el grupo del mango, mientras que en el grupo de control este valor aumentó. Esto es importante porque la HbA1c suele elevarse cuando la prediabetes avanza hacia diabetes tipo 2.
¿Cómo podría ayudarnos esto en la vida diaria?
Además del control glucémico, el consumo diario de mango también se asoció con cambios positivos en la composición corporal. Las personas del grupo del mango redujeron ligeramente su porcentaje de grasa corporal y aumentaron su masa libre de grasa, sin cambios significativos en el peso total. En términos prácticos, esto significa una mejor relación entre músculo y grasa, algo clave para la salud metabólica.
Los investigadores explican que estos efectos podrían estar relacionados con la “matriz natural” del mango. A diferencia de los snacks procesados, el mango aporta fibra, vitaminas, antioxidantes y compuestos bioactivos como los polifenoles, que ayudan a regular la respuesta del cuerpo al azúcar.
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El estudio también desmonta una creencia común: que las frutas dulces deben evitarse en la prediabetes. Aunque el mango contiene azúcares naturales, estos no tuvieron un efecto negativo cuando se consumieron dentro de una porción adecuada y como parte de una alimentación normal.
Los autores aclaran que el mango no es una cura ni reemplaza el tratamiento médico, pero sí puede ser una herramienta práctica y natural para quienes buscan mejorar su alimentación. Cambiar un snack ultraprocesado por una fruta entera podría ser un paso pequeño, pero con impacto real.



