
La Universidad Nacional de Colombia presentó un desarrollo que podría transformar la forma en que se enseña y se acompaña la lactancia materna en el país. Se trata del Daniglam, un modelo físico y didáctico del seno humano que acaba de recibir patente por parte de la Superintendencia de Industria y Comercio.
Su función principal es mostrar, de manera tangible y en tamaño real, cómo funciona la glándula mamaria durante la alimentación del recién nacido.
Este invento surge en un momento en que las cifras sobre lactancia siguen lejos de las metas globales. Aunque organizaciones como la OMS y Unicef recomiendan la lactancia exclusiva durante los primeros seis meses, menos de la mitad de los bebés en el mundo acceden a ella.
En Colombia, el indicador ha disminuido en la última década. Para los investigadores, buena parte de ese retroceso se explica por la falta de acompañamiento y la permanencia de mitos que afectan la confianza de las madres.
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El Daniglam fue creado precisamente para contrarrestar esas dudas. Su estructura permite observar los tejidos internos de la mama, los tipos de leche que produce el cuerpo según la etapa del bebé y las diversas formas que puede tener un pezón.
Con esta herramienta, los profesionales de la salud pueden explicar visualmente procesos que suelen quedarse en la teoría, mientras que las madres pueden identificar cómo funciona su cuerpo sin juicios ni confusiones.
El proyecto empezó en 2018 con un equipo interdisciplinario de nutricionistas, diseñadores y docentes de la UNAL. Durante varios años, el grupo trabajó en un prototipo que fuera claro, resistente y fácil de transportar.
El resultado es un dispositivo modular que incluye un modelo anatómico y otro funcional, con piezas intercambiables y materiales livianos. También incorpora un elemento clave: un sistema que permite comparar la capacidad del estómago del bebé con la cantidad de leche que produce la madre, un dato que suele pasar desapercibido y que ayuda a reducir la ansiedad durante los primeros días de lactancia.
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El modelo fue probado en hospitales, centros comunitarios, programas del ICBF y comunidades indígenas. En todos los entornos, el aprendizaje visual permitió aclarar dudas que se repetían sin importar el lugar: miedo a no producir suficiente leche, desconocimiento sobre el calostro, desconfianza en la forma del pezón o en el tamaño del seno. Para los investigadores, esto confirma que la principal barrera no es física sino informativa.
Con la patente otorgada, la Universidad Nacional busca ahora recursos para fabricar y distribuir el Daniglam a mayor escala. La meta es que llegue a instituciones educativas, programas materno-infantiles y servicios de salud pública. De hacerlo, el país sumaría una herramienta práctica y accesible para apoyar a las madres desde el primer día y fortalecer la lactancia como un derecho, no como una carga.
Foto: Proyecto Daniglam de la Facultad de Medicina de la UNAL.



