
El café, una de las bebidas más consumidas del mundo, vuelve a ser protagonista en la investigación científica. Un estudio reciente del King’s College de Londres encontró que, dentro de límites moderados, podría estar relacionado con un envejecimiento biológico más lento en personas con trastorno bipolar y esquizofrenia.
El hallazgo abre una puerta a entender cómo ciertos hábitos cotidianos podrían influir en la salud de una población que, históricamente, enfrenta un envejecimiento acelerado.
La investigación se centró en los telómeros, unas estructuras que protegen el ADN y que funcionan como un marcador del paso del tiempo a nivel celular.
A medida que envejecemos, los telómeros se acortan. Sin embargo, este proceso suele ser mucho más rápido en personas con enfermedades mentales graves, quienes presentan en promedio una esperanza de vida hasta 15 años menor que la del resto de la población.
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Para analizar si el café tiene algún impacto en este proceso, el equipo científico revisó datos de 436 personas de entre 18 y 65 años con esquizofrenia, trastorno bipolar o depresión mayor con psicosis. Además de medir la longitud de los telómeros en muestras de sangre, se registró el consumo diario de café reportado por los participantes.
Los resultados mostraron una tendencia clara: quienes consumían entre tres y cuatro tazas al día tenían telómeros más largos que quienes no tomaban café. Según los investigadores, esta diferencia sería equivalente a una “edad biológica” aproximadamente cinco años menor. En otras palabras, su organismo mostraba señales de un envejecimiento celular más lento.
Pero el beneficio no es ilimitado. El estudio indicó que, al superar las cuatro tazas diarias, el efecto positivo desaparece e incluso podría revertirse.
Esta relación refuerza la importancia de la moderación y coincide con la recomendación del NHS británico, que sugiere no superar los 400 mg de cafeína al día, equivalentes justamente a cuatro tazas.
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Aunque trabajos previos ya habían mostrado que el café puede reducir el estrés oxidativo y otros factores que aceleran el envejecimiento, esta es una de las primeras investigaciones que evalúa su impacto en personas con trastornos mentales severos.
Los especialistas recalcan que no se trata de considerar el café como una “cura”, sino de entenderlo como un posible apoyo dentro de los hábitos de vida que pueden influir en la salud a largo plazo.
El estudio también advierte que estos resultados deben interpretarse con cautela. No se examinó el tipo de café consumido ni la cantidad exacta de cafeína por taza, elementos que pueden variar significativamente. Además, se trata de un estudio observacional, lo que significa que muestra una asociación, pero no confirma una causa directa.
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Aun así, los investigadores destacan que estos hallazgos ofrecen una nueva perspectiva: algunos hábitos cotidianos sí pueden influir en el envejecimiento biológico, incluso en personas cuya salud suele estar más comprometida. El equipo continuará estudiando cómo factores como el estrés, la alimentación y el sueño modifican la velocidad con la que se acortan los telómeros.
Foto: :Drazen Zigic



