
El tiempo frente a pantallas crece cada año entre niños y adolescentes, pero las conversaciones en casa sobre lo que ocurre allí no avanzan al mismo ritmo.
Ese desajuste —más cotidiano de lo que parece— está en el centro de una iniciativa impulsada por Google.org, que anunció una inversión de 150.000 dólares para promover el uso seguro y consciente de internet en familias de Colombia y Perú.
El anuncio se realizó en Bogotá durante la primera cumbre dedicada a niños y familias. Más allá de la cifra, el foco está en algo que suele quedar fuera del debate tecnológico: el rol de los adultos en la experiencia digital de los menores.
El proyecto, llamado Modo Presente, será implementado por la Fundación Estrategia País y parte de una idea sencilla: acompañar es más efectivo que vigilar.
Del control al acompañamiento
Durante años, muchas familias han optado por restringir horarios, bloquear aplicaciones o supervisar dispositivos como primera línea de defensa. Es una respuesta comprensible, pero limitada.
Internet ya no es solo un espacio de consumo. Es también un lugar donde los menores interactúan, aprenden, crean y toman decisiones. En ese contexto, el control técnico no alcanza por sí solo.
Ahí es donde entra la propuesta de Modo Presente. En lugar de centrarse en prohibiciones, ofrece herramientas para abrir conversaciones. El kit digital incluye guías prácticas, ejercicios y situaciones cotidianas que ayudan a padres, cuidadores y educadores a entender mejor lo que viven niños y adolescentes en línea.
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No busca convertir a los adultos en expertos digitales, sino en acompañantes más activos. Cambia la lógica: menos vigilancia silenciosa y más diálogo informado.
Se espera que más de 6.000 familias accedan a estos contenidos durante el primer año.
Una red para llevar el mensaje fuera de la pantalla
El alcance del proyecto no se limita a materiales digitales. También contempla la formación de una red de 400 embajadores que replicarán estos aprendizajes en colegios, comunidades y organizaciones.
La apuesta es que el conocimiento circule en espacios reales, donde ocurren las conversaciones que terminan moldeando hábitos.
Además, durante el mismo evento se presentó una guía para creadores de contenido en YouTube, enfocada en quienes producen material dirigido a adolescentes. El objetivo es promover contenidos responsables y acordes con esa audiencia.
Este doble enfoque —familias por un lado, creadores por el otro— apunta a una realidad evidente: la seguridad digital no depende solo de herramientas, sino de decisiones humanas en distintos niveles.
Lo que propone esta iniciativa no es una solución inmediata ni definitiva. Es, más bien, un cambio de enfoque.
Porque entender lo que ocurre en internet no pasa solo por saber usar una aplicación. Pasa por algo más básico: preguntar, escuchar y acompañar.
Y eso, a diferencia de la tecnología, no se actualiza con una descarga.



