
Durante décadas, Betelgeuse ha sido una de las estrellas más observadas y desconcertantes del firmamento. Su brillo irregular, sus cambios repentinos y su comportamiento impredecible la convirtieron en un objeto de estudio constante para los astrónomos. Ahora, nuevas observaciones del Telescopio Espacial Hubble aportan la evidencia más clara hasta la fecha de que una estrella compañera oculta está influyendo directamente en su apariencia y evolución.
Betelgeuse es una supergigante roja ubicada a unos 650 años luz de la Tierra, en la constelación de Orión. Su tamaño es tan extremo que, si se colocara en el centro del Sistema Solar, se extendería más allá de la órbita de Marte. Esa cercanía relativa y su enorme volumen permiten observar con detalle su superficie y la vasta atmósfera que la rodea, algo poco común en estrellas de este tipo.
Un equipo de científicos del Centro de Astrofísica de Harvard y Smithsonian analizó casi ocho años de datos del Hubble y de observatorios terrestres. El objetivo era entender por qué el brillo y la atmósfera de Betelgeuse cambian de manera tan marcada. Lo que encontraron fue un patrón repetitivo en la luz emitida por la estrella, asociado a movimientos anómalos del gas que la envuelve.
La estela que delata a la estrella compañera
El análisis reveló la presencia de una densa estela de gas que aparece cada seis años, justo después de que una pequeña estrella compañera cruce frente a Betelgeuse desde nuestra perspectiva. Esa compañera, llamada Siwarha, orbita tan cerca que atraviesa la atmósfera exterior de la supergigante, arrastrando material y generando una perturbación detectable.
El fenómeno es similar al rastro que deja un barco al desplazarse por el agua. A su paso, la estrella compañera comprime el gas y altera su velocidad y dirección. Estos cambios se reflejan en el espectro de luz de Betelgeuse, especialmente en las señales emitidas por elementos como el hierro, lo que permitió identificar la estela de forma directa por primera vez.
Leer más: Arranca la cuenta regresiva de Artemis II, el primer vuelo tripulado más allá de la órbita terrestre en 50 años
Este hallazgo ayuda a explicar uno de los episodios más llamativos en la historia reciente de la estrella: el brusco oscurecimiento observado en 2020. Durante años se atribuyó a nubes de polvo o a procesos internos, pero la influencia de una compañera estelar ofrece ahora una explicación más completa y consistente.
Más allá de Betelgeuse, el descubrimiento tiene implicaciones más amplias. Demuestra que estrellas masivas aparentemente solitarias pueden estar profundamente influenciadas por compañeras pequeñas y difíciles de detectar. Comprender estas interacciones es clave para anticipar cómo evolucionan, cómo pierden masa y cómo se preparan para su destino final como supernovas.
Con nuevas observaciones previstas para 2027, cuando la compañera vuelva a ser visible, Betelgeuse seguirá siendo una ventana privilegiada para estudiar el final de la vida de las estrellas gigantes.



