
Por: D’ Irene Urrea
Hay libros que uno empieza a leer y no quiere soltar. Los nuestros, de la periodista colombiana Catalina Oquendo, es uno de ellos. Y resulta extraño decirlo de una obra que aborda historias tan dolorosas como las de los falsos positivos en Colombia. Sin embargo, su escritura es tan cercana, sus giros narrativos están tan bien construidos y las historias son tan difíciles de creer que las páginas pasan casi sin darse cuenta.
No es una novela, aunque por momentos lo parezca. Los hechos que cuenta ocurrieron. Y quizás eso sea lo más difícil de asimilar.
Oquendo consigue transformar cerca de veinte años de investigaciones, entrevistas, expedientes judiciales y testimonios en una narración que atrapa desde el comienzo hasta el último párrafo.
Catalina Oquendo y veinte años detrás de una historia
Catalina Oquendo es una periodista colombiana que ha trabajado en medios como El Tiempo y EL PAÍS. Su trayectoria incluye investigaciones sobre el conflicto armado, los derechos humanos y las víctimas de la violencia. Su trabajo ha recibido reconocimientos como el Premio Simón Bolívar y el Premio Gabo, este último como integrante de un equipo periodístico.
La historia de Los nuestros comenzó hace aproximadamente veinte años, cuando recibió un documento con 29 casos de posibles violaciones de derechos humanos. Aquellos papeles dieron origen a investigaciones periodísticas y a preguntas que la acompañaron durante años.
El libro reconstruye casos de civiles asesinados por integrantes del Ejército y presentados falsamente como guerrilleros muertos en combate. Entre ellos está la historia de Luis Esteban y Leonardo Montes, dos hermanos que terminaron enfrentados a una situación difícil de imaginar: Luis Esteban, siendo soldado, intentó impedir que su propio hermano fuera asesinado y presentado como una baja en combate.
También aparecen personas que salieron de sus casas para realizar actividades cotidianas y nunca regresaron, jóvenes en condiciones de vulnerabilidad y familias que pasaron años buscando respuestas.
Una prosa sencilla que hace fácil leer lo difícil
Quizás lo que más sorprende de Los nuestros es la naturalidad con la que escribe Catalina Oquendo. Su prosa es sencilla, cercana, precisa y sin palabras grandilocuentes.
Logra extraer de expedientes judiciales, testimonios y decisiones de los tribunales la información necesaria para construir una narración clara, sin perder el rigor de la investigación. Los giros aparecen de manera natural y mantienen al lector atento. Es un libro que se puede leer de una sentada, no porque las historias sean ligeras, sino porque cuesta encontrar el momento para cerrarlo.
Su escritura recuerda esa tradición del periodismo literario que cultivó Gabriel García Márquez: contar hechos reales con los recursos narrativos de la literatura, sin que la forma se imponga sobre la verdad.
Otro de sus aciertos es la capacidad para situar al lector en la época en que ocurrieron los hechos. Mientras se cometían aquellos crímenes, el país seguía su vida cotidiana. Oquendo recuerda que George Bush celebraba el día contra la malaria, Stephen Hawking se preparaba para experimentar la ingravidez y en Bogotá un condón provocaba una controversia escolar.
Son referencias que parecen pequeñas, pero que permiten regresar a la Colombia de aquellos años y comprender qué ocupaba los titulares mientras ocurrían tragedias que nunca debieron suceder. Lo hace con sutileza, sin interrumpir la historia ni recurrir a largas explicaciones.
Y hay una frase que me impactó especialmente por la manera en que retrata nuestras contradicciones: «Porque en Colombia conviven la sangre y la fiesta, y la felicidad puede ser solo un simulacro».
Es difícil encontrar una descripción más certera de un país donde la celebración y la violencia han convivido durante décadas, muchas veces ante la indiferencia de quienes siguen con sus vidas.
También resulta acertada la decisión de comenzar y terminar con los hermanos Montes. El cierre, situado el 29 de abril de 2026, diecinueve años después del asesinato de Leonardo, regresa a Luis Esteban con un último párrafo tan sencillo como contundente. Un final que demuestra que una buena historia también depende de saber dónde detenerse.
¿Por qué leerlo en una época en la que todo se olvida?
Hoy tenemos más información que nunca. Noticias, videos, fotografías y documentos están disponibles en segundos. Sin embargo, también nos hemos acostumbrado a pasar rápidamente de una historia a otra.
Una noticia puede conmovernos por la mañana y quedar olvidada por la tarde, reemplazada por una nueva controversia o un video viral.
Los nuestros permite hacer lo contrario: detenerse y comprender.
Una cosa es leer que miles de civiles fueron asesinados y presentados como bajas en combate. Otra es conocer sus vidas, sus familias y los años que necesitaron para que se conociera la verdad.
En tiempos de inteligencia artificial, cuando una herramienta puede resumir documentos o producir textos en segundos, este libro también permite apreciar lo que significa investigar durante años, escuchar a las fuentes, contrastar versiones y encontrar la manera de contar una historia sin traicionar los hechos.
La tecnología puede facilitar ese trabajo, pero no reemplaza la responsabilidad periodística que exige.
Los nuestros no es una lectura cómoda. Hay momentos que producen rabia, tristeza e incredulidad. Pero está tan bien escrito que uno quiere continuar, incluso cuando lo que está leyendo duele.
Catalina Oquendo tardó cerca de veinte años en reunir estas historias. El lector puede recorrerlas en unas cuantas horas.
Es un libro que cuesta soltar y que, después de terminarlo, resulta todavía más difícil olvidar.



