
Una parte del oxígeno que ayudó a transformar la atmósfera terrestre hace miles de millones de años podría haber tenido un origen inesperado: el magma situado a grandes profundidades. Una nueva investigación científica encontró que las rocas fundidas pueden almacenar cantidades de oxígeno superiores a las que se creían posibles.
El hallazgo, publicado en la revista científica National Science Review y divulgado el 28 de octubre de 2026, plantea una nueva explicación sobre la relación entre el interior de la Tierra, la actividad volcánica y la evolución de su atmósfera.
Los científicos no encontraron una cavidad llena de aire ni una reserva de oxígeno que pueda respirarse. Lo que identificaron fue la capacidad de los materiales fundidos para incorporar oxígeno adicional dentro de su estructura química, bajo determinadas condiciones de presión y temperatura.
Para comprobarlo, un equipo internacional encabezado por investigadores del Centro de Investigación Avanzada en Ciencia y Tecnología de Alta Presión (HPSTAR) sometió muestras de basalto sintético a condiciones extremas en el laboratorio.
Las temperaturas oscilaron entre 1.200 y 1.800 grados Celsius, mientras que la presión alcanzó los siete gigapascales, aproximadamente 69.000 veces la presión atmosférica que experimentamos en la superficie terrestre.
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Los resultados fueron especialmente reveladores. A presión atmosférica normal, las muestras prácticamente no contenían oxígeno adicional. Sin embargo, bajo las mayores presiones y en condiciones enriquecidas con oxígeno, este elemento llegó a representar más del 5 % del peso de las muestras.
Para descartar que simplemente estuviera atrapado en pequeñas burbujas, los investigadores analizaron el material mediante espectroscopia Raman. No encontraron señales detectables de oxígeno gaseoso, lo que respaldó la interpretación de que se había incorporado al material.
Los experimentos fueron complementados con simulaciones informáticas que reprodujeron el comportamiento de los átomos y confirmaron una tendencia: cuanto mayor era la presión, más oxígeno podía almacenar el material fundido.
¿Pudo el magma contribuir al oxígeno de la atmósfera?
Una de las implicaciones más interesantes del estudio está relacionada con lo ocurrido en la Tierra hace aproximadamente 2.500 millones de años, cuando comenzaron grandes transformaciones en la concentración de oxígeno atmosférico.
Los investigadores plantean que el magma formado a grandes profundidades pudo transportar oxígeno adicional hacia regiones cercanas a la superficie. A medida que ascendía y disminuía la presión, parte de ese oxígeno habría podido liberarse y participar en procesos químicos capaces de modificar la composición del planeta.
El equipo realizó un cálculo preliminar: si las enormes cantidades de magma expulsadas durante determinados episodios volcánicos antiguos hubieran liberado oxígeno equivalente al 0,27 % de su peso, la cantidad total podría haber igualado teóricamente el oxígeno presente en la atmósfera actual.
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Pero esta estimación no demuestra que los volcanes hayan producido realmente esa cantidad de oxígeno atmosférico. Los investigadores todavía deben determinar cuánto oxígeno almacenan los magmas naturales y qué proporción puede llegar efectivamente a la superficie.
La investigación también tiene implicaciones para el estudio de otros planetas rocosos. Comprender cómo circula el oxígeno entre el interior y la atmósfera podría ayudar a reconstruir las condiciones que favorecieron el desarrollo de ambientes habitables.
El hallazgo añade una posibilidad a la historia geológica terrestre: el oxígeno que hoy permite la vida podría estar relacionado con procesos mucho más profundos y complejos de lo que se había considerado.



