
La inteligencia artificial ya no se utiliza únicamente para vigilar territorios o procesar información militar. Estados Unidos la ha incorporado al análisis de posibles objetivos, la identificación de amenazas y la planificación de operaciones. Sin embargo, su creciente participación en decisiones de guerra está dejando al descubierto un problema: los sistemas también pueden equivocarse.
Un análisis publicado por Reuters el 30 de octubre revela cómo el Pentágono ha acelerado la adopción de estas herramientas, especialmente durante las operaciones militares contra Irán. Lo que hace apenas dos años era una tecnología experimental se ha convertido en un recurso habitual para los analistas de inteligencia.
Uno de los principales avances está relacionado con Maven, una plataforma desarrollada con tecnología de Palantir que reúne información procedente de distintas fuentes y utiliza modelos de IA para procesarla.
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Su función consiste en examinar grandes cantidades de datos, reconocer patrones y facilitar información a los mandos militares. Esto permite reducir el tiempo necesario para evaluar amenazas que antes requerían largas jornadas de análisis humano.
Cameron Stanley, responsable de inteligencia artificial y tecnología digital del Pentágono, explicó que Maven fue desplegado a gran escala durante la operación Epic Fury contra Irán. La demanda de procesamiento fue tan elevada que llegó a agotar prácticamente la capacidad informática clasificada disponible.
En estos sistemas también participan tecnologías de compañías como Anthropic, OpenAI, Google y Microsoft, aunque sus modelos cumplen distintas funciones y no necesariamente intervienen directamente en la selección de objetivos.
Los errores de la IA que preocupan a los militares
La velocidad para procesar información no garantiza que las conclusiones sean correctas. Los modelos pueden interpretar equivocadamente imágenes, trabajar con datos desactualizados o presentar resultados incorrectos con apariencia de certeza.
Reuters recoge un episodio divulgado por CNN en el que fuerzas estadounidenses estuvieron cerca de abordar un buque mercante chino después de que un análisis mediante inteligencia artificial indicara erróneamente que transportaba componentes para armamento nuclear.
También surgieron interrogantes sobre el bombardeo de una escuela de niñas en Irán, donde se reportaron más de 170 fallecidos. Aunque hubo especulaciones sobre una posible intervención de la IA, funcionarios estadounidenses atribuyeron el error a mapas e información desactualizados, no al análisis automatizado.
Estas situaciones muestran que un sistema puede procesar millones de datos y aun así producir una evaluación equivocada, especialmente cuando la información inicial contiene errores.
La discusión también alcanza a las empresas tecnológicas. Anthropic ha mantenido diferencias con el Pentágono sobre las condiciones para utilizar Claude en operaciones militares clasificadas. El desacuerdo plantea hasta dónde pueden intervenir los proveedores privados en el uso de sus herramientas.
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Existe otra preocupación entre los aliados de Washington: depender de plataformas estadounidenses cuyo acceso podría quedar condicionado por decisiones comerciales o gubernamentales.
Estados Unidos y China han coincidido en que la inteligencia artificial no debe controlar directamente el empleo de armas nucleares. Para otras operaciones militares, las restricciones siguen siendo objeto de discusión.
La tecnología puede acelerar las decisiones, pero no sustituye la responsabilidad de quienes las toman. La pregunta ya no es solamente cuánto puede ayudar la IA en una guerra, sino quién responde cuando una recomendación automatizada termina convirtiéndose en un error irreversible.



