
¿Puede una subida de 0,78% en un mes desatar una pelea política sobre quién tiene la culpa de lo que pagamos todos los días?
Ese fue el dato que encendió el debate. En marzo de 2026, la inflación mensual en Colombia llegó a 0,78%, por encima del 0,52% de febrero, según el DANE . No es un salto dramático, pero sí suficiente para activar interpretaciones opuestas desde el poder y la oposición.
El presidente Gustavo Petro apuntó a dos responsables: la energía eléctrica y los servicios de telecomunicaciones. Según su lectura, el aumento no responde al salario mínimo ni a un supuesto exceso de consumo, sino a dinámicas específicas de mercado. En otras palabras, no es la gente gastando más, sino sectores clave cobrando más.
Pero la discusión no se quedó en lo técnico. Rápidamente se volvió política.
Cuando la inflación también es narrativa
El dato duro existe. La electricidad y los servicios de comunicación sí tuvieron incrementos relevantes en marzo. Por ejemplo, el componente de información y comunicación creció 2,96% en el mes, uno de los más altos del índice . También hubo presión desde alimentos, arriendos y servicios básicos.
Sin embargo, la forma en que se cuenta la historia cambia el foco.
Petro sugiere que hay comportamientos de mercado que afectan directamente al consumidor, incluso insinuando posibles efectos de concentración empresarial. La representante Jennifer Pedraza, en cambio, responde con otra lectura: el problema no es externo al gobierno, sino resultado de decisiones regulatorias que permitieron menos competencia en telecomunicaciones.
Ahí está el punto clave. La inflación no solo se mide, también se interpreta. Y esa interpretación define a quién se le exige explicaciones.
Lo que realmente está empujando los precios
Más allá del cruce político, los datos del DANE muestran algo más complejo.
El aumento de marzo no depende de un solo factor. De hecho, varias divisiones aportaron simultáneamente: alimentos (1,27%), salud (1,06%), servicios del hogar (0,85%) y comunicaciones (2,96%) .
Incluso dentro de esos grupos hay señales mixtas. Mientras suben frutas frescas o servicios móviles, bajan combustibles o algunos productos básicos. Es decir, no hay una única causa, sino múltiples presiones que se acumulan.
Eso cambia la lectura. No se trata solo de “quién subió precios”, sino de cómo diferentes sectores están trasladando costos —o aprovechando márgenes— en momentos específicos.
Y ahí aparece una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto el Estado tiene herramientas reales para intervenir sin generar efectos secundarios?
Porque señalar a empresas es políticamente potente, pero regular precios o mercados complejos puede terminar afectando inversión, cobertura o calidad del servicio.
Más que una cifra, una señal
El 0,78% de marzo no es una crisis. Pero sí es una alerta.
La inflación anual sigue en 5,56% , una cifra que muestra estabilidad relativa frente a años anteriores, pero que aún pesa en el bolsillo. Sobre todo cuando los aumentos se concentran en servicios esenciales: vivienda, alimentos, comunicaciones.
Y ahí es donde la discusión debería aterrizar.
No solo en quién tiene la culpa, sino en cómo se protege al coLa inflación en Colombia subió a 0,78% en marzo, pero esta vez el foco no estuvo en los alimentos ni en la gasolina, sino en algo más cotidiano: el costo del celular.
El presidente Gustavo Petro puso el dedo en ese punto. Señaló que el alza en la inflación tiene relación directa con el aumento en los servicios de telefonía móvil, que habrían subido cerca de 3% en el mes. Y lanzó una alerta: detrás de ese incremento podría haber movimientos del mercado que afectan la competencia.
La reacción no tardó. Desde la oposición, la crítica fue frontal: si hoy hay menos competencia en telecomunicaciones, dicen, es resultado de decisiones del propio gobierno. La discusión, entonces, dejó de ser solo económica para convertirse en una disputa sobre quién es responsable de lo que los usuarios pagan cada mes.
El dato que puso a las telecomunicaciones en el centro
Más allá del cruce político, las cifras sí muestran un movimiento relevante. El grupo de información y comunicaciones fue el que más subió en marzo, con un aumento de 2,96%, muy por encima del promedio nacional .
Dentro de ese grupo, los servicios de comunicación fija, móvil e internet registraron un incremento cercano al 3,15%, convirtiéndose en uno de los principales impulsores de la inflación del mes .
No es menor. Aunque el peso de este sector dentro del índice total es más bajo que el de vivienda o alimentos, su impacto es directo: es un gasto recurrente, mensual y prácticamente obligatorio para millones de usuarios.
Ahí está la clave del ruido. No es solo cuánto sube, sino dónde se siente.
¿Competencia o concentración?
El señalamiento del Gobierno abre una discusión incómoda para el sector: ¿los aumentos responden a costos reales o a dinámicas de mercado con menos competencia?
La hipótesis de Petro apunta a una posible alineación de precios tras movimientos empresariales recientes entre operadores. La crítica desde otros sectores, en cambio, va en sentido contrario: advierte que las decisiones regulatorias han facilitado una mayor concentración, lo que termina reduciendo presión competitiva.
En el fondo, lo que está en juego es cómo funciona el mercado móvil en Colombia. Un sector donde pocos jugadores concentran la mayor parte de los usuarios y donde los cambios tarifarios pueden replicarse rápidamente.
Eso no implica necesariamente prácticas indebidas. Pero sí abre preguntas sobre qué tan flexible es el mercado para competir en precios y qué tan protegido está el usuario frente a incrementos generalizados.
Más que una cifra, una señal para el sector
El aumento en telefonía móvil no explica por sí solo la inflación de marzo. También subieron alimentos, arriendos y servicios básicos. Pero lo que ocurrió con las telecomunicaciones tiene un valor simbólico y práctico.
Simbólico, porque instala la idea de que sectores estratégicos pueden incidir en el costo de vida más de lo que se reconoce.
Práctico, porque afecta directamente el bolsillo en un servicio que ya no es opcional.
La inflación anual sigue en 5,56% , y aunque no muestra un desbordamiento, sí refleja que los ajustes siguen presentes en distintos frentes.
Para los operadores, el mensaje es claro: cualquier cambio en tarifas ya no pasa desapercibido.
Para el Gobierno, el reto es aún mayor: señalar no basta, hace falta demostrar.
Y para los usuarios, la conclusión es más simple: el celular, otra vez, salió más caro.nsumidor en mercados donde la competencia es limitada y los precios no siempre responden a reglas simples.
Porque al final, más allá de discursos y trinos, la inflación no se debate: se siente.
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