
El avión experimental X-59 de la NASA avanza hacia una nueva etapa de pruebas que busca cambiar la forma en que se vuela a alta velocidad. La aeronave, diseñada para romper la barrera del sonido sin generar el estruendo típico de los aviones supersónicos, se prepara para su segundo vuelo tras completar una serie de verificaciones técnicas en tierra.
El programa hace parte de la misión Quesst, con la que la NASA pretende demostrar que es posible volar más rápido que el sonido sin afectar a las personas en tierra. Durante décadas, el estampido sónico ha sido el principal obstáculo para los vuelos comerciales supersónicos sobre zonas habitadas. El X-59 busca resolver ese problema.
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La aeronave ya realizó su primer vuelo en octubre de 2025. Después de esa prueba inicial, el equipo técnico llevó a cabo inspecciones detalladas que incluyeron desmontaje de componentes clave, como el motor y partes de la cola. Tras estas revisiones, el avión fue reensamblado y sometido a nuevas pruebas de encendido en pista.
El segundo vuelo estará a cargo del piloto de pruebas Jim “Clue” Less, quien despegará desde la base de Edwards, en California. La misión tendrá condiciones similares al primer vuelo, con el objetivo de confirmar que todo funciona correctamente antes de aumentar progresivamente la velocidad y la altitud.
Un avión supersónico pensado para no hacer ruido
El X-59 no es un avión convencional. Su diseño alargado y su nariz extremadamente larga no responden a una decisión estética, sino a una necesidad técnica. Esta forma permite dispersar las ondas de choque que normalmente se concentran y producen el fuerte “boom” sónico.
En lugar de un estruendo, la aeronave genera un sonido mucho más suave, descrito como un golpe sordo. Esta diferencia es fundamental si se quiere habilitar el transporte supersónico comercial sobre tierra, algo que hoy está restringido en muchos países.
El avión está impulsado por un motor modificado derivado del F/A-18 Super Hornet. Durante las pruebas, la NASA evaluará su comportamiento en distintas condiciones, comenzando por velocidades cercanas a los 230 millas por hora y aumentando gradualmente hasta acercarse a su objetivo operativo.
Ese objetivo es ambicioso. El X-59 está diseñado para alcanzar velocidades de alrededor de Mach 1.4, es decir, unos 1.480 kilómetros por hora, a una altitud de 55.000 pies. Sin embargo, llegar a ese punto será un proceso progresivo, conocido como expansión de la envolvente de vuelo, en el que cada fase se analiza cuidadosamente.
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Más allá de la velocidad, el verdadero valor del proyecto está en su aplicación. Si las pruebas confirman que el ruido se reduce a niveles aceptables, la NASA podrá compartir estos datos con reguladores internacionales. Esto abriría la puerta a nuevas normativas que permitan vuelos supersónicos comerciales sobre zonas pobladas.
En fases posteriores, el X-59 sobrevolará comunidades en Estados Unidos para medir la percepción real del sonido en tierra. Esos resultados serán determinantes para definir el futuro de este tipo de transporte.
El desarrollo del X-59 no busca convertirse en un avión comercial, sino sentar las bases para que la industria aeronáutica diseñe nuevas generaciones de aeronaves rápidas y silenciosas. Si las pruebas avanzan como está previsto, el proyecto podría influir directamente en cómo serán los vuelos de larga distancia en las próximas décadas.



